1917-2017: el centenario de la Revolución rusa

TRADUCIDO POR FLORENT CLERQ Y CORREGIDO POR MÓNICA LICEA CUÉLLAR

Con motivo del centenario de la Revolución rusa, Le Journal International relata estos acontecimientos importantes que marcaron el siglo XX.

El 23 de febrero de 1917, revueltas de manifestantes se genelizaron, formando cortejos en todo Petrogrado, hoy San Petersburgo. Al ritmo de cantos revolucionarios, obreros, soldados, burgueses y asalariados invadieron entonces las calles, sin intervención de la policía que creyó  que no se trataba más que protestas relatadas a la escasez de alimentos. El mismo zar Nicolás II, intervino: “Ordeno que se acaben mañana mismo las sublevaciones en la capital, que no pueden tolerarse en esos tiempos de guerra”, dando la señal por los militares, que dieron la orden de disparar contra la multitud de manifestantes. El 26 de Febrero, en la plaza Znamenskaia, 40 personas murieron y un centenar más resultaron heridas. En la noche, un motín tuvo lugar en contra de los oficiales militares que habían dado las órdenes. Luego, el mismo motín se dirigió al palacio imperial y Nicolás II, informado por telegrama, no trató de oponer resistencia alguna; abdicando el 2 de marzo de 1917.

En primavera nació una coalición de gobierno transitorio que se dedicó a la puesta en práctica de un proyecto de república en Rusia. Por un lado, la Duma, asamblea legislativa principalmente compuesta por socialistas que aspiraban poner en marcha una política “conciliadora” buscando compromiso; y por el otro los “soviets”, consejos que reunieron alrededor de la misma mesa a obreros, soldados y elegidos del pueblo para asegurar las garantías posrevolucionarias. Pero, los ciudadanos de la joven República de Rusia percibieron rápido, a pesar de esta coalición, que se perpetuaba una orden que su movilización había tenido como meta abolir. Fue así que el mes de julio empezó con los tiroteos de la avenida Nevski y de la calle Sadovaia.

El 4 de julio de 1917, el ejército dispara a los manifestantes en la avenida Nevski. (Fotografía de Viktor Bulla). Créditos: Louison Bojuc.

En este contexto, grupos de extrema izquierda, y sobre todo los bolcheviques dirigidos por Lenin, aprovecharon el ambiente tenso y negativo para ponerse al centro de la escena política y deslegitimar a un gobierno que ya no tomaba en cuenta las al pueblo ruso. Los discursos utópicos de Lenin fueron calificados como “chiquilladas” por los “conciliadores”. Más tarde, debido a esto, se emprendió una caza de brujas bolcheviques, multiplicando las detenciones de las mismas. Lenin impulsó el levantamiento proletario desde Finlandia donde había huido, volviendo clandestinamente a Petrogrado un mes después, pues consideraba que la crisis era “bastante avanzada”. Tras su regreso, los soviets le juraron lealtad  y la insurrección estaba preparada: las fechas del 24 y 25 de octubre dieron pie a la Revolución de Octubre. Con la toma del Palacio de Invierno, los cantos de victoria se hicieron más y más fuertes al entonarse por 1600 guardias rojos y sus aliados. “Aquellos que protestan en contra de los cambios que ocurren, que vayan a donde pertenecen: al basurero de la historia”, una famosa cita de León Trotsky.

Llegado al poder, Lenin brilló por su ausencia, escandalizando a  toda la clase política y dividiendo también a su propio partido político al ordenar “fusilar sin más trámites” a los oponentes políticos y a propugnar un estado de “terror de masa en el cual la población debía ser mantenida”.

 Recuerdos de exiliados

La Revolución rusa dio lugar a una inmigración múltiple y masiva, y numerosos intelectuales rusos se dispersaron por todo el mundo, llevando a por donde iban, una literatura abundante. “Las obras publicadas con éxito son el testimonio de un tiempo de anarquía y de caos con un alboroto de violencia y cuyo más probable desenlace era la muerte” nos confía Gervaise Tassis, profesora en la universidad de Ginebra.  Viendo con otros ojos, son los herederos de esta historia quienes reflexionan sobre los acontecimientos del siglo pasado, relativizándolos hoy en día. Esto se ve reflejado a través novelas testimoniales, caricaturas, metáforas, artículos, … Kateryna Lobodenkon, profesora en la universidad Paris 3 nos dice además que, “los inmigrantes llevan consigo una imagen muy negativa de este periodo, expresando nostalgia por la Rusia de antes”. Así, la nación zarista, ha quedado grabada en la mente como la imagen de “una mujer hermosa, joven y alegre, pero que se convirtió en un cadáver vestido con harapos y en estado de miseria desde la epopeya revolucionaria” y que “el bolchevismo es por lo tanto visto como una enfermedad roja y peligrosa”.

Hasta hoy, ningún consenso ha podido ser encontrado en cuanto Lenin, como se expresa en una entrevista con Lev Danikile,  a quien se le  preguntó si las acciones que este personaje realizó fueron las adecuadas para Rusia para lo que nos respondió que: “Lenin era la única solución “. Hoy en día, es recordado como un “aventurero político que no entendía a la Rusia de la época.” Tanto en el metro moscovita como en los letreros de calles o en las tazas de café, el héroe revolucionario sigue muy presente en la memoria colectiva a pesar las críticas formuladas por el actual jefe de estado: “Puso una bomba atómica bajo la casa real de Rusia que finalmente ha explotado”.

Prensa europea y cine: puntos de vista externos sobre los acontecimientos rusos de la época. Créditos Louison Bojuc.

Viñetas. Creditos: Louison Bojuc.

 

 

 

 

 

 

 

¿En aquel entonces, qué sabíamos en Europa sobre los acontecimientos rusos? La mayoría de la agencias de prensa enviaron corresponsales y reporteros pero estos permanecieron fuera del alcance de  las líneas de combate, como entre otros Arthur Ransome del London Daily News o René Marchand del Figaro. La cobertura de los hechos ocurridos en Rusia quedaba muy fragmentada, además de estar controlada por los gobiernos nacionales. En Septiembre de 1917, gran parte de los periodistas estaban convencidos que nada iba a suceder. Fue con un cierto cansancio que lectores europeos recibieron la noticia de la Revolución de octubre, puesto que no suscitó muchas reacciones. Algunos la desestimaban por haberse tratado de un golpe de fuerza orquestado por un dueto de “conspiradores extremistas aliados de Alemania” con, el “kalmuko” Lenin, por una parte; y por la otra, “el diablo rojo” Trotsky. Con las relaciones diplomáticas interrumpidas al momento del paroxismo de la primera guerra mundial, la falta de comunicación y de información sólida daba rienda suelta para todo tipo de rumores y mantenía viva una incertidumbre profunda en cuanto al futuro del país. Así fue como una percepción muy negativa nació de estos acontecimientos, misma que fue difundida por el tratamiento mediático de los diarios europeos de la época.

Hoy todavía existen testimonios de este periodo en la forma de rollos de película, siendo conservados en su mayor parte por los archivos nacionales rusos. La mayoría se centra en lo que ocurrió en Petrogrado, “capital de las revoluciones”, pasando por alto numerosos hechos históricos e ignorando el papel de las acciones clandestinas de los bolcheviques o los acontecimientos ocurridos al frente: en cualquier caso, el pueblo seguía siendo el único agente del cambio. Hubo que esperar casi 10 años para que esta historia fuera contada a través de una película de Serguei Eisenstein intitulada “Octubre: Diez días que transformaron el mundo” y que narra el asalto sobre el Palacio de Invierno y los enfrentamientos asesinos de julio de 1917.

¿Y un siglo más tarde, cuáles recuerdos?

Cincuentenario de la revolución rusa. Créditos: Louison Bojuc.

Este centésimo aniversario tuvo un carácter oficial., Como lo observa irónicamente Mikhaïl  Maksimov, profesor en la Universidad de Ivánovo: “! Tenemos que celebrar!” En efecto, URSS consagraba festividades y desfiles durante toda la era soviética y notablemente en torno a Lenin, a quien el pueblo le tenía una verdadera devoción desde su fallecimiento en 1924. Pero de repente en 1991, todos los actos conmemorativos fueron abandonados a la hora del juicio de los acontecimientos de 1917 y del totalitarismo estalinista. Según Francis Fukuyama, “el fin de la Historia” ha coincidido también con la transición de una economía socializada a un régimen liberal. El 7 de noviembre perdió su carácter de día feriado bajo el régimen de Vladimir Putin, manteniendo el poder con una retórica antirrevolucionaria. La población estaría dividida entre viejos comunistas y nostálgicos del imperio zarista. El mes pasado, el aniversario fue celebrado con exposiciones, seminarios internacionales y publicaciones pero los eventos públicos fueron prácticamente inexistentes. “Putin no tiene ni el mínimo interés en invocar un pasado que hoy en día sigue dividiendo a la sociedad”, nos dice el periodista ruso Michel Eltchaninoff, hablando del malestar que despierta la era soviética. La sociedad rusa tiene que enfrentar sus demonios pero la postura adoptada por el líder del Kremlin impide a los rusos todo cuestionamiento del pasado. Y este año 2017 no será la excepción.

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