2018: año de Rusia y de Vladimir Putin

TRADUCIDO POR FLORENT CLERQ Y CORREGIDO POR MÓNICA LICEA

Bien es cierto que Rusia acogerá el próximo junio el mundial de fútbol, sin embargo, otro evento no menos significativo tendrá lugar el 23 de marzo. En efecto, Vladimir Putin postulará para un cuarto mandato como presidente del gobierno de Rusia, primer ministro en otras palabras. 18 años han pasado teniéndo al Señor Putin al mando, incluso durante el periodo Medvedev (2008-2012) en el que no engañaba a nadie pues era obvio que Putin solo era un títere en las manos del hombre fuerte de San Petersburgo , que quedaba tirando la cuerdas de la política rusa. Helena Perroud ejerce una actividad de asesoramiento entre Francia y Rusia y dirigió el Instituto francés de San Petersburgo de 2005 hasta 2008: en un libro publicado hoy Un ruso llamado Putin, trata dar una imagen diferente de lo que percibimos del líder del Kremlin partiendo del punto de vista de Rusia y sin esconder las dificultades económicas, políticas y diplomáticas que encuentra el país.

Vladimir Putin da mucho de qué hablar. Muchas personas se han preguntado quien es realmente aquel forzudo del Kremlin elegido por Boris Yeltsin en 1999 para asumir el control de Rusia. Oliver Stone intentó plasmarlo a través de un documental, pero este fue ampliamente criticado debido a su  evidente colusión  con Putin. Más recientemente, la cadena de TV franco-alemana Arte realizó un documental en dos partes el cual incriminaba más al líder del Kremlin,  haciendo un mayor hincapié en el papel positivo que desempeñaron los Estados Unidos. El libro de Helena Perroud se encuentra en un punto medio.

Un líder fuerte para un estado fuerte: una tradición rusa

El país fue fundado en el año 862 por Riourik, un príncipe más mitológico que real y desde entonces, solo dos dinastías le sucedieron para dirigir Rusia: los Ruríkidas del año 862 hasta en 1598, seguidos por los Romanov, del año 1613 hasta en 1917. Entre estos últimos, figuras tales como Alejo I de Rusia (1629-1676), seguido por su hijo Pedro el Grande (1672-1725) dejaron trazos en la memoria colectiva rusa. Más tarde durante la era soviética llegaron al poder hombres “de hierro” como Lenin o Stalin, quienes se distinguieron por liderar gobiernos de una manera diferente a aquellos de  Europa occidental. Siguiendo la misma línea, Putin enumera tres condiciones para construir un futuro digno para Rusia: un estado poderoso, una economía eficaz y “una idea rusa” – o rossiiskaia idea, que se dividiría en cuatro valores fundamentales para consolidar la sociedad rusa: patriotismo, fuerza, poder estatal y solidaridad social.

El traumatismo de los años noventa.

Condiciones que fueron socavadas durante los mandatos de Boris Yeltsin, de 1992 hasta 1999. Había sido un chiste que los soviéticos le gustaba contar en ese entonces: “¿Quién fue el economista marxista más  famoso de Rusia? Fue Gaïdar, un economista que en en dos años consiguió lo que Lenin y Stalin nunca habían sido capaces de hacer, o sea deslegitimar totalmente el capitalismo en su país. “La economía rusa fue sometida a una “terapia de choque” con el objetivo de convertirse en una economía de mercado. No obstante, los rusos sintieron el choque, pero sin la terapia prometida. En 1992, la inflación alcanzó una tasa de 2500%, Rusia estaba viviendo “los momentos más duros de su historia, dijo Putin.

“¿Quién fue el economista marxista más famoso de Rusia? Fue Gaïdar un economista que en dos años consiguió lo que Lenin y Stalin nunca habían sido capaces de hacer, o sea deslegitimar totalmente el capitalismo en su país. “

El miedo a una “yugoslavización” de Rusia.

Vladimir Putin tenía solo una pesadilla al llegar al poder, que Rusia sufriera una suerte similar a la de Yugoslavia puesto que para ese entonces, el país ya había perdido un cuarto de su territorio y 25 millones rusos se encontraban fuera de las fronteras. Aún si pocos lo saben, hoy en día existen en Rusia 170 etnias y “Putin nunca ha cuestionado su existencia” afirma Perroud, pero el líder del Kremlin tiene bien marcado en su memoria lo que ocurrió en Yugoslavia años antes y el desafío, tal como lo dijo él mismo consistía en “poner un freno a la desintegración del estado”. En este sentido, tuvo que intervenir en Georgia y Chechenia, parte del Caucásico donde el riego secesionista era lo más pronunciado. Según las palabras del presidente checheno Akhmad Kadyrov, las veleidades separatistas de los islamistas del Emirato del Cauchase duraron de 1999 hasta 2009, o sea diez años que pasaron en un contexto internacional de lucha contra el terrorismo islamista. Sin embargo, Putin lo ha destacado recientemente, “desde hace siglos, el Islam ha estado presente en Rusia, y tenemos que distinguir los 25 millones musulmanes en su conjunto y los 5000 combatientes que se han incorporado el Estado Islámico.” La cuestión musulmana no constituye un problema para Putin como lo demostró en 2005, cuando Rusia integró la Organización para la Cooperación Islámica como miembro observador.

Una economía que va mejorándose, pero sin llegar a ser el “milagro ruso”

Desde la llegada al poder de Vladimir Putin, el PIB de Rusia cayó a la mitad en una década. El producto interno bruto per cápita era de 3500 dólares. En otras palabras, siendo cinco veces menor al promedio de los otros países del G7, con una deuda exterior de 133 mil millones.” Nunca en la historia habíamos visto tal devastación económica en tiempos de paz” sintetiza perfectamente el universitario americano Stephen Cohen. Putin puso en marcha múltiples reformas de fiscalidad con el objetivo de sanear las finanzas del país y en pocos años, la deuda rusa ha disminuido a 37 mil millones dólares. Dos fondos públicos estructurales fueron creados en 2006 y 2007,  un “fondo de reserva” y un “fondo de bienestar público”; permitiendo mitigar los efectos de la crisis financiera del 2008. Esto fue únicamente posible gracias a numerosos ingresos de materias primas, que siguen representando hoy en día 40% de los ingresos del estado pero también de la “estrategia 2020” (nada que ver con la de la Unión Europea). Al ver el PIB promedio por habitante que alcanza hoy los 8750 dólares,  y tomando en cuenta que en la clasificación del FMI, en lo referente a la paridad del poder adquisitivo, Rusia ocupa el sexto lugar , se puede decir que estas reformas resultaron exitosas. Bien es cierto que podría hablarse de un “milagro ruso” pero no es así, hoy en día, 20 millones de rusos viven por debajo del umbral de pobreza, teniendo menos de 160 euros al mes. La corrupción constituye además una verdadera plaga para el país, en el 2017, esta ocupaba el puesto 131 de 176 países, según los datos de la ONG Transparency International. Incluso, el costo de esta misma, representaría por sí sola,  entre un 10 y un 12% del PIB ruso.

La demografía el tendón de Aquiles de Rusia

Otro desafío para Putin es la demografía. Entre los años 1992 y 2012, Rusia perdió cerca de 5 millones de habitantes. La tendencia se invierte desde hace seis años, pero el índice de fertilidad sigue quedándose por debajo de 2, tasa necesaria por asegurar la manutención de la población. Según Putin, “la familia de tres hijos se debe establecerse como norma”. Para lograrlo, ha impulsado la creación en 2007 de un “capital maternal”, un subsidio de 7000 euros por familia al tener un segundo hijo. Esta medida fue inmediatamente seguida en 2008 por la creación de condecoración del “Orden de la gloria parental”, otorgada personalmente por el jefe del Kremlin a las familias de 7 hijos o más. Por otra parte, la inmensidad del territorio ruso se ha ido poblando de manera muy heterogénea, con una parte del extremo oriental de Rusia abarcando 36% del territorio en donde solamente viven 6,2 millones de habitantes por una superficie de 6,2 kilómetros cuadrados. Eso últimos años, esta región se ha ido despoblando pese a la profusión de riquezas naturales que alberga esta zona del mundo en rápida expansión, especialmente con China, el país vecino que presenta un alza demográfica excesiva.

La prioridad del «extranjero cercano».

Vladimir Putin ha reafirmado la importancia que tiene el mantener  relaciones privilegiadas con el «extranjero cercano» sobre todo en el ámbito de “la profundización del proceso de integración de la  Comunidad de Estados Independientes (CEI), el cual se sitúa en el corazón de [su] política extranjera y representa su perspectiva estratégica”. De los 11 países miembros de la CEI se encuentran 9 países pertenecientes a la ex-URSS. Entre ellos, Bielorrusia, Kazakstán y Rusia  forman una unión aduanera conocida como « Troïka »,  creada en 2010. Misma de la cual Putin expresa abiertamente su pesar de que “los hermanos ucranios” no formen parte pues, aumentaría su mercado actual, el cual ha pasado de tener 165 millones consumidores a unos 215 millones. En la mente de Vladimir Putin y de los rusos, al perder Ucrania se abrió una herida que sigue lastimando al día de hoy. En términos relativos, Ucrania representa para Rusia lo que Kosovo representaba para Serbia, o sea el origen de la nación rusa. En efecto, los Ruríkidas establecieron su trono en Kiev en el siglo IX para reinar hasta el siglo XVI. Por consiguiente, Ucrania – “Ukraïna” que proviene de la palabra eslava “krajina” que significa bordura o frontera, se enfrentó ante una difícil decisión: unirse a la CEI o a la Unión Europea. El rechazo de la firma de un acuerdo de libre intercambio con esa última en noviembre 2013 dio lugar en las protestas de Maïdan.

La traición de los Estados Unidos, de la Unión Europea y de la OTAN

“Nuestro principal error en las relaciones con Occidente es que nos fiamos demasiado de ustedes, y su error es que percibieron dicha confianza como debilidad, abusando de ella”

Según Putin, tras la caída de la URSS normalmente habría debido desaparecer la OTAN. No sólo esto no ocurrió sino que además, la zona de influencia de la organización se ha extendido considerablemente hacia la frontera rusa. “Creo que es evidente que la expansión de la OTAN no tiene nada que ver con la modernización de la alianza o con ningún asunto de seguridad en Europa […] tenemos el derecho a preguntarnos contra quien está dirigida esta expansión” preguntó Putin. Dicha hostilidad es también debido a bombardeos (ilegales) perpetrados en la capital serba en 1999 y que en donde quedó “una mancha negra imborrable en todos los estratos de la sociedad rusa.” como lo expresó Alexander Solzhenitsyn. La Unión Europea tampoco queda exenta de los alegatos de Vladimir Putin puesto que las sanciones económicas pronunciadas en contra de Rusia no hicieron más que reiterar la voluntad de Putin para orientarse hacia otros mercados como los BRICS – Brasil, Rusia, India, China, y Sudáfrica, además, dicho conjunto goza la ventaja significativa de ser un conjunto libre de cualquier influencia estadounidense. Se trata de un proyecto de estabelecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo de Shanghái, planteado como una alternativa al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al mundo unipolar bajo dominación occidental. Putin lo resumió así: «  Nuestro principal error en las relaciones con Occidente es que nos fiamos demasiado de ustedes, y su error es que percibieron dicha confianza como debilidad, abusando de ella”

Sin prejuicios ideológicos y basándose en los hechos, Helena Perroud presenta en su libro un retrato hecho tras sus encuentros con Vladimir Putin, rompiendo con la visión limitada impuesta por los medios occidentales.

Créditos: vborodinova

 

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