Le monument de la victoire. Crédit Elisa Maziere.

Un 9 de mayo controvertido en Letonia

TRADUCIDO POR ORIANE MOLLARET Y AGOSTINA MASSARINI

El 9 de mayo es el día de la victoria de la URSS sobre la Alemania nazi en 1945. En Letonia donde un casi 40% de la población es rusohablante no se reconoce oficialmente esta celebración. Reportaje desde Riga sobre una celebración controvertida que subraya las dificultades de integración.

Unos miles de personas se han reunido debajo del monumento de la victoria. El ambiente es caluroso y se encuentran a todas las generaciones, incluyendo a algunos veteranos del ejército rojo y ex prisioneros de los nazis. En la escena instalada especialmente para la ocasión se reciben artistas que leen poemas, tocan música y bailan. Alexander es letón, rusohablante y trabaja como educador. Como cada año, va a la conmemoración para celebrar la derrota de los nazis y rendir homenaje a sus víctimas. Para él, este día sobre todo es un momento de convivencia, una ocasión para reunirse. “Es importante sentirse orgulloso, tener un lugar de expresión al que se siente pertenecer”, nos declara.

Al pie de la estatua de los liberadores, se deposita flores en homenaje a los soldados caídos en combate.

Lo que es el mayor problema para numerosos rusohablantes, es el sentimiento de pertenencia. Como en otros países baltos, el tema es delicado. Hasta el fin de la guerra fría, rusos y letones vivían mezclados sin distinciones. Tras la independencia, los rusos perdieron su nacionalidad y hoy tienen que hacer una prueba para obtenerla. “Han creado varias categorías de ciudadanos, lamenta Alexander. La prueba es muy sencilla, pero cuando siempre has vivido aquí, te sientes ofendido por tener algo que probar”. Entre los que fracasan, los que rechazan hacer la prueba y los que ignoran su existencia, hoy hay más de un 10% de apátridas en la población letona. Hay un sentimiento de incomprensión”, continúa. Finalmente, la sociedad cada vez más se fractura.

“La victoria del gulag sobre Auschwitz”

La fecha del 9 de mayo es controvertida. Para Raivis Zeltïts, miembro de la Alianza nacional – un partido conservador – y ex miembro del Ministerio de Cultura, “el 9 de mayo es la victoria del gulag sobre Auschwitz”. Para los letones, 1945 no es sinónimo de victoria. “Para nosotros, se trata del año de la transición de un totalitarismo a otro”. En Letonia, la lectura de la Historia es muy diferente de la enseñada en Occidente y Rusia. No se considera la Segunda Guerra Mundial como una lucha contra el fascismo sino como la oposición trágica de varios totalitarismos. El pueblo letón ha sufrido mucho la guerra fría. Muchos perdieron miembros de su familia bajo el régimen soviético. Ver a gente celebrar el advenimiento de este régimen puede resultar doloroso.

Por su parte, la recuperación política nunca está muy lejos. Aunque Alexander se alegre de que el alcalde de Riga venga a pronunciar un discurso, Raivis recuerda que se acercan las elecciones municipales [el 3 de junio, ndlr]. También acusa a Rusia de emprender una campaña de propaganda para exacerbar las tensiones. Es verdad que numerosos artistas rusos se producen gratuitamente mientras que el sector público no finanza la fiesta. “¿Quién paga? La verdad es que no lo sé”, admite Alexander frente a Raivis que afirma que proviene de Rusia y otros organismos vinculados. Sin embargo, el educador subraya la oportunidad de acceder a estos espectáculos “en un país tan pequeño como el nuestro”.

La estrella roja, símbolo del comunismo.

“Sé que no todos celebramos la misma cosa”

De hecho, señala Alexander, no hay un real debate. Estoy de acuerdo a un 98% con los argumentos de los que se oponen a la celebración”. Aquí está el problema. Ambos se presentan como “a favor de la memoria de las víctimas de la guerra y contra la celebración de la violencia”. Alexander explica que numerosos jóvenes “pro rusos” – muchos de los cuales “nunca pusieron los pies en Rusia” – no tienen esta misma percepción. Algunos exhiben banderas de la República de Donbass, sin ningún vínculo con la caída del nazismo. “Cuando festejo el 9 de mayo, sé que no todos celebramos la misma cosa. Pero lo importante es estar juntos. A cause de la exclusión, muchos [rusohablantes, ndlr] no saben cuál es su relación con el país”. Para él, momentos como éste son relevantes para poner remedio a esta situación. Raivis está de acuerdo, pero preferiría celebrar “nuestras victorias: 1918, 1990… o eventos deportivos”.

Se acerca el punto muerto. El sentimiento de exclusión se desarrolla dentro de la juventud rusohablante que se margina. Alexander insiste: “la división “pro Europa” / “pro Rusia” es un falso problema. No hay dos comunidades sino una única con tantas opiniones como individuos. Además, ¡la gente cambia de opinión como de camisa!”. La autocrítica es hecha por ambos lados. Alexander como Raivis están de acuerdo sobre la necesidad de reformar la educación y hacer esfuerzos de integración recíprocos. Sin embargo, faltan acciones concretas. La confusión persistente entre “integración” y “asimilación” impide creer en una desaparición cercana de la división.

Foto de banner: la muchedumbre se reúne bajo el monumento de la victoria el 9 de mayo.

También te gustará