Australia: el Titanic está de vuelta

TRADUCIDO POR SÒNIA GUALDO Y CORREGIDO POR BERNAT ARANDA

Por el centenario del naufragio del Titanic, un millonario australiano anunció la construcción de una réplica idéntica a la del mítico transatlántico de lujo. Esta copia realizará su viaje inaugural… ¡siguiendo el mismo recorrido que su predecesor! A continuación se explica este proyecto titánico.

La historia empieza en abril de 2012 con el millonario australiano Clive Palmer, que quiso construir una copia exacta del Titanic, el famoso buque “insumergible” que aún así se hundió en el océano Atlántico tras chocar con un iceberg en abril de 1912.

Un “idéntico” moderno

Según los planes anunciados, en el Titanic II tendrán cabida 2 400 pasajeros y 900 miembros de la tripulación, una capacidad casi idéntica a la del mítico transatlántico, con una decoración interior acorde con los códigos estéticos de principios de siglo XX en sus 835 cabinas, salas de baño, suites, restaurantes, salones, pero también en la sala de fumadores, baños turcos y la gran escalera. A este sinfín tan impresionante se le une también, en exclusiva, un casino y un teatro, siempre siguiendo la estética de los años 1910.

Sin embargo, con las normas de seguridad actuales, se puede prever que habrá modernizaciones: una mejora del casco, de los motores diésel (las chimeneas exteriores serán meramente decorativas), de los radares y, además, se ha añadido un puente suplementario con botes salvavidas suficientes para todos los pasajeros, por si hubiera un imprevisto… por mencionar una parte de todas las mejoras previstas. Se estima que el precio de la construcción es de 500 millones de euros.

¿Un iceberg llamado Brexit?

La construcción empezó a mediados de 2012 en China, en la provincia de Jiangsu, cerca de Shanghái, bajo un contrato con la compañía CSC Jingling Shipyard. El lanzamiento estaba previsto para 2016 pero en 2015 un retraso en los plazos de fabricación y la falta de respeto de los protocolos de construcción por parte de la compañía china ocasionaron daños financieros a la compañía australiana Blue Star Line.

Blue Star Line finalmente inició un proceso para recuperar sus fondos. El juicio se puso a su favor en 2017. Esto permitió volver a poner en marcha las obras en setiembre de 2018 en otro astillero naval, esta vez en Dubái, desde donde el buque soltará las amarras para anclar en Southampton, Inglaterra, antes de emprender el mismo trayecto que su antepasado y navegar hasta Nueva York. El ambicioso proyecto que tiene el buque para después es “navegar por todo el planeta, inspirar y fascinar a la gente, y atraer su atención de forma incomparable […] en todos los puertos que visitará”, anunció Clive Palmer.

Mientras tanto, el Reino Unido votó a favor de dejar de formar parte de la Unión Europea. Esto fue un nuevo golpe de efecto para la compañía australiana, que había preparado la instalación de su sede europea en Londres y que, de hecho, ahora se encuentra fuera de la Unión Europea. En el transcurso de su declaración en Brisbane, Australia, el 22 de octubre de 2018, Clive Palmer anunció que el brexit había obligado la compañía australiana a fundar su futura oficina europea en Paris: “no resulta demasiado útil tener una sede europea fuera de Europa”. Añadió que “esta decisión significa que no abriremos la oficina hasta marzo de 2019, ya que Paris es ideal para responder a las necesidades de la compañía”. El viaje inaugural previsto para 2016 se aplaza para el 2022.

Solo nos queda esperar que este proyecto llegue a buen puerto y que no naufrague incluso antes de zarpar.

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