Les bâtiments de la banque centrale européenne. Crédit MPD01605 (Flickr).

¿Está el BCE bajo influencia alemana? (2/2)

TRADUCIDO POR MARÍA ALEJANDRA PAIXÃO Y JUAN MANUEL HERNÁNDEZ GUZMÁN

La llegada de Mario Draghi a la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) en el 2011 obstaculizó el ordoliberalismo propuesto por Alemania. Antes de esto, en junio, el BCE se dedicaba a la política económica alemana. Sin embargo, ¿es posible que se produzca un cambio político? Para responder a esta pregunta, Le Journal International ha intentado descifrar su funcionamiento.

Para (re)descubrir la primera parte, clica aquí.

“La inflación no se viene encima de nosotros como una maldición o un destino trágico. Siempre es fruto de una política económica desenvuelta e incluso criminal”. Esta constatación del canciller federal alemán Ludwig Erhard, en 1960, no deja ninguna duda sobre la principal preocupación de los dirigentes alemanes.

El modelo alemán inscrito en los tratados

La crisis inflacionista de los años 1920 atormentaba las conciencias, y hasta hoy lo sigue haciendo. En 1991, el gobierno de François Mitterrand buscaba adoptar la moneda única. La Alemania de Helmut Kohl aceptó a cambio de firmar un acuerdo con ciertas condiciones similares a las previstas por el Sistema Monetario Europeo (SME). Alemania contaba instaurar, entre ellas, una política de anclaje al marco alemán (Deutsche Mark). Fue una sumisión que hizo frente a una doble ortodoxia monetaria y presupuestal, dictada por las autoridades monetarias alemanas. Cabe recordar también que la sede del BCE está en Frankfurt. Es más que una coincidencia, ya que allá también está la sede del Bundensbank, el banco central alemán. Así, la política económica alemana fue reconocida durante el tratado de Maastricht.

Alemania cuenta con 20 millones de pensionados, cuyas pensiones son financiadas por un sistema de capitalización. Un alza de la inflación acarrearía una baja en los costos de los activos que financian estas pensiones. Alemania practica la estrategia de la desinflación competitiva, y se la impone a la Unión Europea. Se trata del aumento de las exportaciones por medio de la reducción de salarios. “[Alemania] creó uno de los mejores sectores de bajos salarios de Europa”, se felicitaba Schröder en 2005, durante el Foro Económico Mundial de Davos.

Por medio de esta política de lucha contra la inflación, el BCE presiona los salarios de los Estados miembro de la zona euro. Se trata de un papel opuesto al de la Reserva Federal en los Estados Unidos, o del Banco de Japón. Estas últimas instituciones tienen como objetivo reanudar el crecimiento…, y el empleo.

Mario Draghi y el “giro” de 2011

Golpe teatral en 2011: “Tengo el honor de presentarle, señor Presidente, mi dimisión de mi puesto como economista jefe del BCE por razones personales”, declaró Jürgen Stark. Está en profundo desacuerdo con la política llevada a cabo por el nuevo presidente del BCE, Mario Draghi. Esta consiste en volver a comprar masivamente los títulos de deuda pública de los países europeos. Un año después, se crea el programa OMT (“Outright Monetary Transactions”). Este permite volver a comprarle a los Estados en dificultades el monto de los bonos soberanos inferiores a tres años.

Es una práctica que va en contra de los tratados: este sistema permite financiar directamente los bancos y los Estados. El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, amenaza con recurrir a la Corte Constitucional de Kalrsruhe, por violaciones por parte del BCE a los tratados. Para Jean-François Bernard, economista y alto funcionario francés, “es ilegal, pero es la mejor respuesta para meter a raya a los especuladores en cuanto a las deudas soberanas”.

Hay varias perspectivas que aparecen. Una de ellas podría ser la salida de Alemania de la zona euro. Por otro lado, también se evoca una armonización entre los tratados y las políticas económicas actuales del BCE. Esto implicaría, sin embargo, un tedioso proceso de ratificación por parte de todos los países, lo que parece complicado, largo y utópico. Es probablemente por esto que la Corte Constitucional de Karlsruhe decidió aprobar el programa OMT.

“Es preferible no aislarse”

El sistema establecido por el Consejo de Gobierno no favorece a Alemania. El modelo “un Estado = una voz” pone al país al mismo nivel que los otros miembros. Entre los cuales está Chipre, quien representa el 0,1 % del PIB de la zona, contra el 30 % alemán. Es un modelo que hay que relativizar, ya que existe una cierta ponderación en función del PIB de cada Estado en el protocolo del BCE [artículo 10, párrafo 2, ndlr]. Es preferible no aislarse frente al Consejo de Gobierno.

“El BCE no tiene que rendirle cuentas a un adversario que no tiene nombre, ni cara ni partido, quien no presentará nunca su candidatura, no será elegido y nunca y , no obstante,  gobierna. Ese adversario es el mundo de las finanzas” (François Hollande).

Foto de portada: los edificios del Banco Central Europeo. Crédito MDP0105 (Flickr).

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