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Bután: larga vida a la felicidad nacional bruta

TRADUCIDO POR MARION GONNET Y MÓNICA LICEA

Bután, este pequeño país del sur de Asia, rodeado por India y China, es bien conocido por su índice de felicidad nacional bruta. Mientras todo el mundo está obsesionado por el crecimiento del PIB, vamos a descubrir otra perspectiva de dicho desarrollo.

En 1972, Jigme Singye Wangchuck, el cuarto rey de Bután, todavía era adolescente cuando fue interrogado por un periodista sobre las cifras del producto interno bruto (PIB) de su país. El joven rey contestó directamente que lo único que le importa es la felicidad nacional bruta (FNB).  Así, la FNB se integró oficiosamente en el estilo de vida butanés.

La filosofía del país se nutre de influencias culturales budistas, poniendo como centro al ser humano y al ambiente. El bienestar, la conservación de un medio ambiente sano, y la armonía comunitaria siempre han sido prioridades en Bután; mucho antes de 1972 y el nacimiento de la noción de FNB.

Después de esto y durante décadas, los butaneses han dedicado buena parte de sus vidas a la felicidad. Era sólo un objetivo implícito y no tenían ningún índice para medirlo. Fue hasta el 2008 que Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, quinto rey de Bután, monarca e hijo de su predecesor, quien decidió incluir la FNB en la Constitución. Desde entonces, la felicidad es un objetivo, de forma oficial. Se trata de la primera constitución democrática del país.

La Comisión de la felicidad

En concreto, existen cuatro criterios para medir la FNB de Bután. Además de la protección del medio ambiente, la preservación de las culturas locales y la buena gobernanza, se interesan por el desarrollo equitativo. Según el rey, estos criterios permiten orientar y establecer una «política de desarrollo con valores».

«La Comisión de la FNB puede prohibir la realización de un proyecto, aún y cuando este constituya una fuente de ingresos significativa»

Antes de realizar cualquier declaración, la Comisión de la FNB se encarga de examinar la totalidad de leyes y proyectos propuestos, pues verifica que estos sean compatibles con la política de la felicidad.

«Si se propone un proyecto minero, este no debe perturbar significativamente al medio ambiente. De no ser el caso, la Comisión puede prohibir la realización del proyecto, aunque este último constituya una fuente de ingresos significativa», menciona Sabine Verhest, periodista de La Libre.be especializada en las cuestiones butanesas. La consigna es que la economía sólo se interesa a aquello que beneficie a toda la población y a su bienestar. El equilibrio socioeconómico no debe ser amenazado, en ningún caso, ni siquiera por el deseo de generar ganancias.

No es fácil medir la felicidad

Resulta complicado calcular el índice de la FNB puesto que este intenta medir las emociones de manera subjetiva. Entre ellas se encuentran, la alegría, la envidia, el miedo y el sentimiento de seguridad. De hecho son sentimientos que, por definición, no se pueden medir. Por lo que, la FNB se calcula a través de encuestas realizadas por la administración, cada cinco años. Estas últimas duran seis meses; se distribuyen cuestionarios detallados por todo el país para obtener una muestra representativa de la sociedad.

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Foto: Crédito Elena Blum.

Los resultados de estas encuestas permiten registrar los progresos y las regresiones, e indican cómo reorientar las políticas gubernamentales de la felicidad. Los ciudadanos son interrogados y opinan sobre varios temas y diversas cuestiones. Las preguntas son diversas, yendo desde: «¿Usted siente envidia por su vecino?» hasta «¿Usted tiene problemas con la fauna salvaje?».

 Muy pocas de estas preguntas están dedicadas a los ingresos o a la relación con el dinero, el cual no debe ocupar un papel fundamental. Son encuestas largas y costosas, ya que las autoridades deben recorrer todo el país. Sin embargo, los resultados de 2010 y de 2015 demuestran una mejora de las condiciones de vida de los butaneses.

Proporcionar las condiciones de la felicidad

En Bután, esta política de la FNB no pretende hacer feliz a la gente. Las autoridades intentan crear las condiciones de vida que permitan ser feliz a los que quieran serlo.

«Es como un estado de plenitud».

Según dice Sabine Vernhest, «hay que entender que la concepción de la felicidad en Bután, no es la nuestra [la del Occidente, ndlr]. No se trata de un impulso pasajero, por ejemplo, como cuando uno recibe un regalo. Es más profundo. Es como un estado de plenitud».   

La otra cara de la moneda

Aunque parece que la FNB ha logrado la unanimidad en Bután, este modelo tiene efectos secundarios. Por un lado, la educación gratuita para todos ha provocado un aumento del número de jóvenes graduados, pero por otro esto implica una ventaja considerable: «los jóvenes van a la escuela y a veces realizan estudios en el extranjero, explica Sabine Vernhest. Por lo que, cuando regresan, no quieren trabajar en los campos de sus padres, pues tienen altas expectativas».

«Los jóvenes están desconectados del trabajo manual»

Continúa: «la mayoría de los jóvenes cuentan con un diploma, ella quiere trabajar en la administración, pero ya no hay puestos de trabajo. Los jóvenes de hoy están desconectados del trabajo manual». Por esto, el desempleo juvenil tiende a aumentar y, actualmente, la tasa se sitúa en un 13%. Hasta ahora, la agricultura siempre había garantizado una actividad a los butaneses.

A esto se añade el problema del elevado coste de la política de la FNB. Actualmente, Bután no es capaz de financiar su propia política mientras la deuda pública del país se eleva a un 110% del PIB [que todavía sirve de indicador, ndlr]. Sin ayuda extranjera, especialmente la de India, el país no podría financiar dicha política. Esta última se basa en un sistema de préstamo.

Un modelo difícil de exportar

Muy a menudo, la política de la FNB suele relacionarse con Bután; otros países y organismos  utilizan este índice, mostrando que existen diversas formas de utilizarlo y de construirlo. He ahí la razón, entre otras, por la que es bastante difícil exportar este modelo butanés.

«Los butaneses, lo tenemos todo para ser felices»

La noción de felicidad está estrechamente ligada a los valores locales. El concepto varía mucho de una cultura a otra, de un Estado a otro. A veces, algunos gobernantes estadunidenses vienen a Bután para inspirarse de la FNB. Si el propósito de su visita era intentar llevarla a su país, esto resulta bastante difícil. «Cada cultura debe encontrar los indicadores que mejor le correspondan», opina Sabine Verhest.

La periodista va más allá y enfatiza la concepción y percepción de la felicidad por los ciudadanos. Existen culturas en las que resulta mucho más fácil para la gente decir que está feliz, y otras en las que resulta mucho más difícil. «Olvidamos que, los butaneses, lo tenemos todo para ser felices, aunque no nos demos cuenta…», concluye.  

Foto de portada: crédito Elena Blum.

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