Crédit ONU (Flickr).

Costa de Marfil: el encono de los soldados

TRADUCIDO POR JUAN MANUEL HERNÁNDEZ Y MÓNICA LICEA

Tres asesinatos tuvieron lugar con algunos días de intervalo en Costa de Marfil en este inicio de año. La calma ha vuelto y las autoridades se esfuerzan por calmar el encono de los soldados. El desafío: evitar que el país recaiga de nuevo.

Los marfileños tuvieron la sensación de revivir los años de pesadilla y de violencia, que habían sumergido al país en una crisis sin precedentes. Disparos de armas automáticas habían estremecido a Bouaké, Korogho y Daloa. Estos lugares eran los bastiones de los antiguos rebeldes a comienzos de la división acaecida en el año 2002. Los insurgentes se integraron, no obstante, al ejército, y son quienes dispararon al aire sembrando el pánico.

Insubordinación sucesiva de diferentes cuerpos de seguridad

Las insubordinaciones reivindicaban el pago de las primas. En Abidjan, la capital, el gobierno no tardó en reaccionar. El Ministro de Defensa, Alain Richard Donwhai, no tardó en llegar a Bouaké, que parecía ser el epicentro. En el lugar, las negociaciones con los insurrectos duraron varias horas. Algunas informaciones dieron cuenta del secuestro del ministro y de su delegación, antes de ser desmentidas. La presidencia marfileña anunció por fin la conclusión de un acuerdo con los soldados para terminar la actividad. Las principales reivindicaciones fueron cumplidas: los 8.500 soldados concernidos recibirán un total de 12.000.000 de francos CFA, es decir, 1.800€.

El Estado marfileño pensaba haber cerrado definitivamente la página “rebelde”, salvo que el acuerdo no satisfizo a todo el mundo, en particular a otros cuerpos de seguridad, quienes no eran emergentes de la rebelión, por lo tanto no estaban abarcados en el acuerdo. Sin embargo, se sintieron desposeídos por las autoridades. Esta frustración se manifestó por otra revuelta. Guardia civil, soldados, carceleros y aduaneros hicieron resonar sus armas en las principales ciudades marfileñas, incluso en Abidjan y Yamoussoukro; reivindicaban un aumento de salarios.

Esta contestación tuvo una víctima entre los rebeldes. El gobierno hizo un llamado al sosiego y al alivio. Luego de algunos días de calma, el ciclo el ahínco de los hombres armados retornó. A comienzos de febrero fueron las fuerzas especiales, una unidad de élite, quienes expresaron su desazón rebelándose también.

La exasperación de la población

El desespero de los marfileños frente a las repetidas insurrecciones es creciente. Los insurrectos intentaron calmar la rabia de la población pidiendo perdón. Algunos reprochan a las autoridades haber cedido tan pronto frente a las reivindicaciones de los ex-rebeldes.

Este sentimiento lo comparte el candidato a doctor marfileño de la Universidad Jean Moulin de Lyon: “Cediendo tan fácilmente frente a esta presión de los militares, el gobierno sabe pertinentemente que acaba de abrir la caja de Pandora”. Para él, era preciso ser estricto y no ceder frente a los hombres uniformados. Para eso, era necesario un ejército nacional efectivo. “Por el momento, deplora el doctorando, la composición del ejército plantea un problema grave. Por un lado los ex-FDS [fuerza de defensa y de seguridad, N. del E.], que están marginados por haber apoyado el antiguo presidente Laurent Gbagbo; por el otro, los ex-rebeldes, que apoyaron a Alassane Ouattara. Las dos fuerzas, que constituyen un conjunto heteróclito, se observan de reojo”.

Una ley de programación militar dispuesta hasta el 2020 ha sido ejecutada por las autoridades el año pasado para una revaluación total del ejército.

Foto de portada: crédito de la ONU

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