George Floyd, la muerte de muchos: ¿nacerá esperanza de una desgracia?

Traduit par Danae Bohigues Garcìa, rèlu par Bernat Aranda

El 25 de mayo del 2020, George Floyd muere después de una intervención policial en Minneapolis, en Minnesota. Su muerte, difundida por las redes sociales, conmueve al país y al mundo entero. El caso «Floyd» es entonces la respuesta a la historia de la lucha de los afroamericanos y en particular al historial entre esta comunidad y la policía. Este asesinato, considerado como «el asesinato de muchos», inicia una toma de conciencia general de los asesinatos sistemáticos de personas afrodescendientes perpetuados por la policía, pero sobre todo de la impunidad de los asesinos. Entre estos homicidios, se puede remontar hasta 1991 con el caso de Rodney King y los disturbios de 1992. Estos últimos hicieron historia como los mayores disturbios de la historia de Los Ángeles.

El 25 de mayo del 2020 marca el principio de un movimiento de protesta generalizado que llegará en pocos días a una dimensión internacional. Desde hace más de tres semanas, las manifestaciones se multiplican en más de 700 ciudades de los 50 estados. Muchos factores pueden explicar el alcance que ha tenido este drama en los Estados Unidos. En primer lugar, la crisis del Covid-19 ha afectado particularmente la nación. De hecho, a día de hoy ha causado más de 117 000 víctimas. El confinamiento, muy polémico en el país, ha aumentado la precariedad económica de la población más pobre y el protagonismo de las redes sociales en nuestro día a día.

La reacción de grabar las detenciones policiales violentas o injustificadas de personas racializadas con teléfonos móviles tiene como primera misión forzar a la policía a seguir las reglas. Pero también tiene como consecuencia dar una gran visibilidad al hecho. Desgraciadamente, grabarlo no salvó la vida de George Floyd ni la de muchos otros. No obstante, el «live» de Internet es una novedad. Precisamente, hace recordar el caso de King cuya agresión fue difundida en directo en la televisión estadounidense. El asesinato de George Floyd, en directo en las redes sociales, movilizó enormemente a los estadounidenses sin distinción de clases sociales, etnias o estados.

Comienza entonces un movimiento colectivo para aquellos que tienen suficiente mediocridad y pasividad. Para poner fin a las brutalidades y a los abusos policiales, los políticos deben asegurarse de que los policías son responsables de su conducta, y estar pendientes de lo que protegen y de que sirven a todas las comunidades de manera igualitaria.

Varios eslóganes famosos de los años 80 como «No Justice No Peace» o el popular «Black Lives Matter» frecuentan de nuevo las calles de Nueva York, donde se ha realizado este reportaje. Denuncian precisamente los incumplimientos del sistema político estadounidense actual. Lo acusan de favorecer y de presupuestar más para las instituciones policiales a costa de las instituciones sociales, como los hospitales devastados por la crisis del Covid-19. «Defund the police!» («¡Basta de financiar a la policía!»), «How to spell racism: NYPD» («Cómo deletrear racismo: New York Police Department»), «Silence is violence!» («El silencio es violencia») aclama la multitud, reclamando justicia en nombre de las recientes víctimas por violencia policial.

«Say my Name — Breonna Taylor!» («Decid mi nombre — Breonna Taylor») está al lado del de George Floyd. De hecho, esta joven enfermera de 26 años fue asesinada en su apartamento el 13 de marzo de 2020 por acusaciones desmentidas de tráfico de drogas. Otro nombre que resuena sistemáticamente en las calles de la ciudad: «Donald Trump». Su nombre es abucheado por la multitud unánime que reclama su inmediata destitución.

La posición del gobierno

El posicionamiento de derechas de la Casa Blanca, cada vez más asentado desde 2017, es denunciado sistemáticamente por los medios de comunicación demócratas. En cambio, es apoyado por la mayoría de los medios republicanos. No obstante, incluso dentro de esta mayoría, algunos se distancian de las posiciones del presidente Donald Trump. Muchos conservadores intentan posicionarse en un punto intermedio, lamentando las muertes y, al mismo tiempo, dando apoyo a la policía. El hecho de que el presidente haga una «inspección», según declaraciones oficiales, del búnker presidencial el 29 de mayo de 2020, mientras los manifestantes se agrupan delante de la Casa Blanca dice mucho de la tensión que se intensifica entre el presidente y una parte de los ciudadanos estadounidenses.

Aunque las manifestaciones aumentan, el gobierno multiplica las alertas de refuerzo de las fuerzas policiales y de las posiciones violentas. Anima especialmente a los Estados a desplegar la seguridad nacional para «hacer callar» la revolución. En reacción a las disputas que tuvieron lugar en el Lower Manhattan a finales de mayo, Donald Trump declaró: «When the looting starts, the shooting starts» («Cuando empieza el saqueo, empieza el tiroteo»). Estas palabras las dijo Walter E. Headley, el jefe de policía de Miami en 1967, durante las manifestaciones contra la segregación racial.

La respuesta militar ante manifestaciones, que eran mayoritariamente pacifistas en Nueva York, confirma el posicionamiento del presidente estadounidense. En las calles, esto se traduce efectivamente en un policía que utiliza un espray de pimienta con los manifestantes, golpeándolos con una porra o incluso atacándolos con sus coches. Sin embargo, cabe destacar que no son las primeras aglomeraciones en estas circunstancias de pandemia. De hecho, varias manifestaciones anticonfinamiento, apoyadas por Donald Trump, tuvieron lugar el pasado marzo, y precisamente la violencia policial no las detuvo.

Photos des émeutes à New York le 31 Mai 2020, magasin Adidas détruit/pillé, voiture de police brûlée et explosions dans les rues.

Durante las manifestaciones en Nueva York, la policía se llevó en una patrulla a más de 2 000 manifestantes. De hecho, esta no dudó en utilizar la fuerza para hacer callar a la multitud. Cada día, durante unas tres semanas, las comitivas que iban por Manhattan, Harlem, Brooklyn y Queens reunieron a decenas de miles de manifestantes de cualquier origen, entorno y generación. Sus pasos son automática y enormemente aplaudidos por la población, en la calle, en las ventanas, delante de hospitales, desde el interior de los autobuses. Durante una aglomeración delante de un centro penitenciario en la 29th Street de Brooklyn, algunos prisioneros incluso golpeaban las ventanas de sus celdas para unirse al movimiento. Los organizadores rendían homenaje a Jamel Floyd, un joven afroamericano que murió al haberle echado de forma abusiva espray de pimienta en el recinto del mismo centro penitenciario unas semanas antes.

 

Para combatir las disputas con los manifestantes, considerados por los medios conservadores y por el gobierno como «antifascistas», el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, implantó un toque de queda a las 20h la primera semana de junio. La idea era cortar el acceso por carretera a la ciudad para evitar que fueran «ladrones» de Nueva Jersey a destruir y a saquear las tiendas de lujo. El objetivo también era recuperar el control sobre la violencia de los conflictos entre la policía y los manifestantes.

Las manifestaciones pacíficas, que no han respetado el toque de queda, han sido interrumpidas varias veces por la fuerza. No obstante, esto no ha disuadido a los manifestantes a volver al día siguiente. Los organizadores los animaron a detener las manifestaciones en la hora límite, para proteger al mismo tiempo a los manifestantes y al mensaje. La atención no debe centrarse en las personas que llevan el mensaje, sino en el propio mensaje. De hecho, los manifestantes reivindican la revisión completa de un estado policial estadounidense y de un sistema sobre los valores sociales que se consideran ausentes.

Desde el arresto de los cuatro policías que asesinaron a George Floyd (Derek Chauvin, J. Alexander Kueng, Thomas Lane y You Thao), se han tomado nuevas iniciativas para responder a la revuelta general. Entre estas, la revisión de las leyes, como la 50A de Nueva York que incita a la transparencia de las maniobras de los policías o a la suspensión temporal de las fuerzas policiales de Minnesota.

Ahora bien, aunque las manifestaciones parecen haber disminuido esta última semana en la ciudad, cada día los ciudadanos continúan saliendo a la calle y reuniéndose delante de los altares improvisados en memoria a las víctimas de la violencia policial. Las campañas que piden subvenciones para las asociaciones se han extendido en las redes sociales y han contado con el apoyo de gigantes financieros como Amazon o Starbucks, ya que el eslogan «Black Lives Matter» se ha hecho viral.

El caso Floyd materializa otros fenómenos de los Estados Unidos y muestra un sistema profundamente corrupto. Los movimientos antirracistas y antifascistas se han vuelto a movilizar desde la elección de Donald Trump. Cabe recordar que fue elegido con el apoyo de David Duke, líder del Ku Klux Klan. Como símbolo bastante chocante y sensible, Donald Trump anuló el comunicado que tenía previsto como complemento de su mitin de campaña el 20 de junio en Tulsa, en Oklahoma. No obstante, es en esta ciudad donde tuvo lugar la mayor masacre racial de la historia de los Estados Unidos, precisamente el 19 de junio de 1921. Así pues, parece ser que Donald Trump mantiene su posicionamiento «de derecha» que hace difícil el apaciguamiento de este país que sufre tantas heridas relacionadas con el racismo.

La situación en el país es tensa, entre las manifestaciones contra el racismo, los movimientos LGTBQI+ y las elecciones que tuvieron lugar en otoño. Esto ya está polarizando el debate público con los seguidores de Donald Trump sobreexcitados que prevén su turno de manifestaciones para apoyarlo. A esto se le añade la amenaza de una segunda oleada de Covid-19 que ya ha empezado en Estados Unidos con 30.000 casos adicionales declarados cada día. Por lo tanto, los próximos meses serán decisivos en muchos aspectos.

 

 

 

Crédits photo : Chloé Marchal

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