Integración regional «desde abajo»: cuando la población palia las lagunas de las instituciones

TRADUIT PAR: BERNAT ARANDA RELU PAR : SÒNIA GUALDO

La población de África Central apuesta por la integración de facto al constatar los límites, lagunas y reticencias de las instituciones en el proceso de integración subregional.

A pesar de que la globalización conlleva, o al menos tiene como objetivo, la porosidad de las fronteras, también supone una integración regional y subregional en menor escala, es decir, un proceso que pretende favorecer los intercambios entre los países de una misma región, continente o subcontinente. Lo que más a menudo manifiesta la creación de organizaciones regionales es la concretización de un deseo de integración. Aunque las iniciativas intergubernamentales no faltan, para ciertas organizaciones regionales resulta difícil cumplir sus objetivos, a veces demasiado ambiciosos. Este sería el caso de África Central, que da la imagen de mala alumna de la integración subregional en África. El subcontinente ha visto nacer una integración regional impulsada «desde abajo», a través de la sociedad, al evidenciarse los límites de una integración regional «desde arriba», es decir, mediante la intervención de los Estados y organizaciones.

Efectivamente, África Central dispone de organizaciones regionales, pero no consiguen mostrarse efectivas, ya que se enfrentan al egoísmo de los Estados. La integración regional se ha reinventado de forma original, mostrándose eficaz y realista. El ejemplo más contundente de este fenómeno se observa en el punto donde se unen Camerún, Gabón y Guinea Ecuatorial, en el corazón de la etnia Fang. Esta etnia se divide en subgrupos, tribus y clanes, estos últimos representan la unidad básica de organización.

Las fronteras, establecidas durante la colonización, solo representan límites administrativos en la región de los tres países y son difícilmente detectables en la práctica. En «Las regiones transfronterizas: ¿un ejemplo de integración socioespacial de la población de África Central?» Christian-Yann Messe Mbega, investigador en la Université Continental de Libreville, describe clanes cuyos intercambios se basan prioritariamente «en sus lazos filiales» y «apenas toman en consideración las fronteras establecidas durante la colonización». Tal y como lo describe el autor, los Fangs organizan intercambios comerciales regulados por una ética común transcendente. En este caso, la ética desempeña un papel casi jurídico que dicta como debe procederse, suplantando las normas estatales.

Una forma de «cooperación descentralizada»

El caso de los Fangs resalta una organización centrada en la «cooperación descentralizada», es decir, una cierta cooperación proteiforme entre varios países que se desarrollan a escala local. Esta cooperación descentralizada parece dar inicio a una integración regional que de facto se impone a escala local. La población palia de manera efectiva las carencias y la inercia de los Estados, notablemente en cuanto a la descentralización de poderes. A la larga, eso permite una integración regional en buena y debida forma: ejerciéndola también a nivel local. En 2003, el Centro de desarrollo subregional de África Central denunció que la integración regional en África Central era «un asunto para los políticos y los funcionarios […] que los programas habían sido concebidos y puestos en funcionamiento sin una verdadera movilización de la población contra los desafíos». La materialización de los intereses de los habitantes sería más efectiva si se descentralizaran los poderes y se adaptase la región a sus necesidades.

Un trazado de fronteras que ignora la realidad étnica

El caso de los Fangs pone de manifiesto lo inadecuado que es el trazado de las fronteras. Definidas durante el período colonial, las fronteras no corresponden a una realidad geográfica e histórica regional, sino que dividen pueblos y etnias entre los distintos países de los subcontinentes. Este desfase con la división de las etnias de la región hace que sea más necesario que nunca llevar a cabo una integración regional que permita reducir la visibilidad de las fronteras entre estos países. No obstante, todavía queda mucho camino para alcanzar la integración regional en África Central, que sigue yendo con retraso en comparación con los otros subcontinentes africanos.

El caso de los Fangs nos permite constatar que la integración regional «desde abajo» a veces es más útil que la integración proveniente de la política. Observamos también como los ciudadanos cuestionan la validez de las normas. ¿Estas normas promulgadas en el más alto nivel corresponden a las verdaderas necesidades de la población? Tal vez una integración regional efectiva necesitaría una descentralización eficaz para responder plenamente a las necesidades de la población. Por último, ¿una integración subregional es plenamente viable cuando se enfrenta a la inercia de los Estados, a menudo los más ricos, que refunfuñan por deber participar en un proceso que podría costarles más de lo que les aportaría?

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