Traduit par Alicia Gonçalves, rélu par Bernat Aranda

20 de diciembre del 2017, la Comisión Europea utiliza el artículo 7 del Tratado de la UE hacia Polonia, estimando que algunas reformas del Gobierno incluían graves riesgos de violación del Estado de derecho. La utilización del mecanismo marcó el apogeo de la crisis entre Polonia y la Unión Europea (UE).

Esta relación estaba ya caracterizada por vivas tensiones, sobre todo con las declaraciones del gobierno polonés hacia el comisario europeo encargado del respeto del Estado de derecho y de los derechos fundamentales, Frans Timmermans. Algunos puntos de disensión aparecieron también con otros jefes de Estado, principalmente con Emmanuel Macron, sobre el tema de los trabajadores desplazados o sobre la política energética de Polonia. No arregló nada el hecho de que en una de sus visitas a los diferentes estados de Europa oriental (Austria, Rumanía, Bulgaria), el presidente francés tomara la decisión de «boicotear» a Polonia, todo esto mientras seguía criticando su política. La Comisión Juncker (2014-2019) atravesó viles fricciones entre la Unión Europea y Polonia, especialmente desde la llegada al poder, en 2015, del partido polonés «Derecho y Justicia». Desde esa fecha, hay una fosa que separa el Estado polonés de la UE.

Aun así, las últimas elecciones europeas de mayo del 2019 condujeron a una reorganización política en el interior del Parlamento europeo y la instalación de un nuevo poder ejecutivo con la Comisión Von Der Leyen. A la hora del lanzamiento de este nuevo ciclo europeo, es legítimo preguntarse sobre la estrategia que será adoptada por Bruselas y Varsovia para mostrar interés en la evolución de sus relaciones.

Una cobertura mediática estigmatizante

Desde 2015, los diferentes medios de comunicación occidentales presentan una Europa dividida en dos polos bien distintos: Europa Occidental y Europa del Este. Una visión que puede a veces acercarse a una descripción simplista y caricatural, presentando a los países de Europa del Este como simples estados autoritarios que tienen una «relación puramente utilitarista con la Unión Europea, que la ven como un simple monedero alimentado por Berlín». Polonia no se escapa de esas críticas. Desde hace algunos años, se pueden encontrar diferentes artículos que estigmatizan a Polonia, que se contentan tan sólo con exponer un punto de vista «franco-francés» y no dudan en, a veces, relacionar el gobierno polonés con el nazismo o en calificar al poder que hay como «nacionalismo nauseabundo». La excesiva cobertura mediática de la manifestación de Varsovia que reagrupó a simpatizantes de extrema derecha de toda Europa, y la poca cobertura mediática de las manifestaciones antifascistas en otros lugares del país ilustra esta situación.

Evidentemente, algunos aspectos de la política polonesa pueden parecer particularmente preocupantes. Efectivamente, las acusaciones del no respeto del Estado de derecho no se han hecho sin razón infundada. La primera presidenta de la Tribunal Supremo de Polonia, Malgorzata Gersdorf, dijo especialmente que la reforma del sistema judicial polonés condujo a una «destrucción de la independencia del Tribunal Constitucional de Polonia, en el cual las formaciones fueron definidas a dedo para imponer las ideas del partido en el poder.» El martes 14 de enero del 2020, la Comisión Europea también subió el tono sobre el tema pidiendo al Tribunal de Justicia de la UE que suspendiese el cuarto disciplinario del Tribunal Supremo de Polonia.

Esto no cambia nada al hecho de que la cobertura mediática reservada al Gobierno polonés se aproxima a la cobertura de los partidos de extrema derecha, ya que lo califican de «ultranacionalista», «populista», «fascista», y lo presentan como un freno a la construcción europea. Hay que recordar que, en el Parlamento europeo, los diputados del partido polonés «Derecho y Justicia» en ningún momento pensaron en instalarse en el mismo grupo político ni parecerse a partidos como el Agrupación Nacional.

¿Una Diversificación de Europa o dos Europas opuestas?

Para Magdalena Hadjiisky, profesora de ciencias políticas en el Instituto de Estudios Políticos de Estrasburgo, es «contra productivo confrontar dos Europas, y es preferible hablar de diferentes caras de Europa». Una diversidad europea que se caracteriza por una historia diferente, concepciones diferentes, intereses diferentes, niveles de vida diferentes y con especificidades nacionales que hay que tener en cuenta. Si nos interesamos por el fondo del problema, son esas las diferencias que implican divergencias en el espacio comunitario. Pero por ahora, según Magdalena Hadjiisky, «la UE no acepta que su expansión al este por lo que implica que hay que tomarse en cuenta esas diferencias, una transformación de la Unión Europea». Por eso, la UE no puede mantener el funcionamiento de la época en que solo estaba formada por los seis miembros fundadores, ya que se arriesga a menospreciar de cierta manera a los nuevos integrantes.

Según Jay Rowel, director de investigación en el CNRS, en el caso de Polonia, «es importante recordar la diferencia de concepción de la noción de soberanía. Polonia recuperó recientemente una soberanía que perdió hace mucho tiempo por lo que esta idea de una tutela desde Bruselas, o de estar bajo su dictado ofende a algunos ciudadanos poloneses, lo cual se convierte en un argumento político que despierta una gran sensibilidad». Para muchos observadores, es esta visión singular de la soberanía, resultado de una historia particularmente dolorosa para Polonia, sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial, lo que explica esta diferencia en la concepción de lo que es la Unión Europea. Como la UE se encuentra en una situación en que debe reaccionar frente a la aparición de nuevos desafíos, llegó la hora de debatir. Efectivamente, frente a las crisis migratorias, la urgencia climática y la amenaza terrorista, Europa es consciente de que debe aportar soluciones. Sin embargo, esas políticas no están inscritas en el tratado que define las prerrogativas de la Unión, la instalación de verdaderas políticas europeas implicaría una transferencia de soberanías nacionales hacia la UE. Un tema que, evidentemente, crea fuertes disensiones entre estados. Para Cédric Pellen, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Estrasburgo y especialista en cuestiones relativas a Polonia, la imposición de cuotas de refugiados «choca con esas diferentes concepciones de la soberanía. Sería una prueba suplementaria o poner de entredicho la capacidad de un país de decidir su política migratoria. Hemos presionado demasiado para que Polonia cambie al integrarse en la UE y ellos no tienen muchas ganas de comunitarizar de esta política.»

Las diferentes concepciones de la Unión Europea

Con esta situación, encontramos un debate inherente en la Unión Europea entre dos concepciones de Europa: una visión que atribuye más prerrogativas a la Unión y se parece a una concepción más federalista de Europa, frente a una visión más basada en una soberanía de Estados. Hay países como Francia, que es están más a favor de transferir su soberanía a la UE, y países como Polonia, que se oponen a ello. Según Jérôme Heurtaux, profesor de Ciencias Políticas y Director del CEFRES de Praga dice, «Polonia ve es más reticente a la idea de una soberanía europea específica que no consideran compatible a largo plazo con la soberanía nacional. Son más favorables a una concepción “gauliana” de Europa, una Europa de Estados naciones». Una concepción “gauliana” que recuerda al episodio de la crisis de la silla vacía entre 1965 y 1966, momento en que Francia decidió «hacer boicot» a las instituciones europeas.

En ese sentido, presentar a Polonia como un Estado euroescéptico que no predica ninguna visión de Europa es erróneo. Esta es también, la visión de Christophe Grudler, eurodiputado francés del grupo Renew Europe, que ve a Polonia como un Estado que se preocupa, por los proyectos europeos: «El sistema de integración económico que tiene hoy Polonia participa en grandes proyectos europeos, hay una voluntad de actuar, para solucionar problemas como el del carbón. Están aceptando dejar de usar esa energía a condición de que los ayuden».

Además, como Cédric Pellen explica, «esa esperanza que algunos podían tener, de un cambio reciente del gobierno de Polonia, se esfumó con la victoria del PIS en las últimas elecciones legislativas, y seguramente ganarán las próximas elecciones presidenciales.» En este contexto, se puede percibir el principio de un cambio de estrategia por parte de la Unión europea pero igualmente por parte de Polonia que desea «volverse normal dentro de la UE con la pérdida de su aliado británico.» Evidentemente, es demasiado pronto para declarar una relajación de las tensiones entre la UE y Polonia, así lo explica el eurodiputado francés Arnaud Danjean, miembro del PPE, «la Comisión Von Der Leyen acaba de instalarse y todavía no tiene una posición fija en cuanto al caso polonés.» Al igual que estima que «la mejora de la relación con Polonia no es solo responsabilidad de la Comisión.»

A pesar de todo, hay buenas señales que podrían indicar una relajación de las tensiones. Efectivamente, los diputados del PIS validaron la nominación de Úrsula Von Der Leyen a la presidencia de la Comisión. Von der Leyen fue también a Polonia en su segundo viaje mientras que su predecesor, Jean-Claude Juncker, no hizo ningún desplazamiento en todo su mandato. Frans Timmermans, que estaba al centro de las tensiones entre la Comisión Juncker y el Estado polonés, fue retirado del caso del respeto del Estado de derecho en Polonia. En fin, Polonia pudo obtener una derogación sobre la adopción del «Pacto verde europeo» con una cierta complacencia por parte de la señora presidenta de la Comisión europea y del presidente Macron. El presidente francés, a pesar de estar acostumbrado a emplear un tono virulento contra Polonia, estimó «legítimo que Polonia pida a la UE que se muestre solidaria en su caso sobre el tema del cambio climático, en un contexto en que el país es todavía muy dependiente del carbón y les costará más que a otros adaptarse a estos objetivos». Esta voluntad de entablar un verdadero debate europeo sobre los temas más importantes parece compartirse también con una parte del Parlamento europeo. Esto lo explica la diputada Marie-Pierre Vedrenne, miembro del grupo Renew Europe: «El lema de la Unión es, “Unidos en la diversidad”. Entonces es verdaderamente eso, pienso que tiene que haber grandes debates y en particular acerca de una pregunta: ¿En qué políticas debe actuar la UE? ¿En qué temas? ¿Cuál será el mayor beneficio de la Unión Europea? ¿En cuestiones de defensa? ¿En lo que se refiere al calentamiento climático?». Aun así, respecto al Estado de derecho, la diputada europea afirma categóricamente: «Hay que evitar por todos los medios romper el diálogo, pero sin dejar de mantenerse firme en algunos puntos. Hay que poder decir que, en esa cuestión, la posición que han tomado, no es la buena y no es posible.»

Esta tendencia a la relajación es frágil viendo los últimos eventos, sobre todo lo que atañe la voluntad inicial del Gobierno polonés a mantener sus elecciones presidenciales en mayo, a pesar de los riesgos de contagio del Covid-19. Sin embargo, el lanzamiento de un nuevo ciclo europeo y el papel importante que puede desempeñar la UE en la gestión de la crisis sanitaria, podrían dejar ver la relajación de las querellas políticas caricaturales con Polonia, y el principio de un verdadero debate democrático en la Unión Europea. Un debate que tendría en cuenta a la UE al completo, con sus diferencias y contradicciones, y poniendo fin, simultáneamente, a ese desequilibrio entre los estados fundadores y los nuevos integrantes: un desequilibrio que posiblemente estos últimos, vean como una forma de subordinación.

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