El Ártico: ¿el nuevo El Dorado del oro negro?

Traduit par Danae Bohigues Garcìa, relu par Bernat Aranda

Con el cambio climático, hay nuevas oportunidades que se dibujan en el Ártico, ya sea para un transporte con nuevas rutas marítimas que se abren “gracias” al deshielo, por ejemplo, o bien para la explotación energética.

En nuestra economía hiperproductivista, la principal fuente es el petróleo. Este escasea a medida que se explota. De esta manera, el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos resulta vital. Con el clima más cálido en el Ártico, de ahora en adelante sus yacimientos son más accesibles. Sin embargo, ¿hay que considerar el círculo polar como el nuevo pozo de petróleo del mundo?

Una explotación muy cara, ¿demasiado cara?

La explotación de los recursos polares es muy compleja. Para empezar, tres cuartos de los yacimientos árticos se encuentran en alta mar. Esto implica unas infraestructuras más caras y un riesgo considerable, debido al aislamiento y al carácter marítimo de la explotación. A pesar de una subida de temperatura, las condiciones climáticas son igualmente extremas, por lo que es necesario contar con materiales capaces de resistir a bajas temperaturas. En el mar, el cambio climático hace crecer el número de bloques de hielo que van hacia la deriva y estos constituyen un riesgo para las plataformas en altamar y los buques.

En cuanto a los yacimientos en tierra firme, el cambio climático tiene otras consecuencias, como por ejemplo el derrumbamiento del suelo debido al deshielo del permafrost. Así pues, algunas empresas multinacionales han abandonado o aplazado sus proyectos, como la compañía Shell en Alaska en 2015.

Por lo tanto, el coste de explotación de un yacimiento en el Ártico es significativo. Según Loïc Simonet, doctor en Derecho y especialista en Geopolítica y en Derecho Internacional de la Energía, abarcaría entre 1 y 10 mil millones de dólares. La producción de un barril de petróleo cuesta entre 35 y 100 dólares, mientras que puede ser de 5 dólares en el Medio Oriente. A esto, se le tendría que añadir los costes de transporte. De hecho, las rutas marítimas en el Ártico, aunque cada vez sean más transitables, siguen siendo restrictivas. Se tienen que utilizar rompehielos y oleoductos y gasoductos que resistan al clima polar.

Una explotación que depende del coste del petróleo

Por lo tanto, parece que la explotación de los hidrocarburos en el Ártico no es muy rentable, sobre todo porque su rentabilidad depende del precio del barril de petróleo. Así, mientras el precio del barril es bajo, el petróleo ártico no es rentable frente al petróleo del Medio Oriente.

Además, el precio debe ser estructuralmente estable para poder mermar la explotación de un recurso. Ahora bien, las diferentes crisis económicas son capaces de bajar rápidamente los precios. Es más, parece que la crisis sanitaria que actualmente vivimos no favorece la rentabilidad de la explotación petrolífera y gasífera del Ártico.

Una representación demasiado entusiasta

Por otra parte, esta rentabilidad parece aún más limitada porque las tres cuartas partes de los hidrocarburos en el Ártico están formadas por gas y no por petróleo. El gas no tiene el valor estratégico del petróleo, y el gas de lutita estadounidense es un poderoso competidor.

Del mismo modo, la representación de grandes reservas petrolíferas en el Ártico es muy discutible. Efectivamente, Camille Escudé-Joffres, profesora agregada de Geografía, recuerda que las cifras son solo estimaciones, así que la presencia de hidrocarburos en un lugar no está siempre asegurada. El estudio realizado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos en 2008 pretendía que el Ártico representara el 29 % de las reservas de gas mundiales y el 13 % de las reservas de petróleo. Sin embargo, los pozos de petróleo que se realizaron entonces resultaron decepcionantes.

Daños medioambientales evidentes

Al final, la explotación de hidrocarburos en el Ártico tiene consecuencias medioambientales desastrosas. Ya sean fugas en los conductos, u oleoductos, de petróleo o accidentes, seguramente esto tenga consecuencias muy negativas en el círculo polar. Un informe de Greenpeace en 2014 estima que más de 30 millones de barriles de petróleo por año se vierten en tierra rusa.

Por eso, muchas organizaciones no gubernamentales, asociaciones de pueblos autóctonos y Estados se han asociado para luchar contra la explotación del Ártico. Aunque muchos de estos vean con buenos ojos esta nueva actividad como una fuente de enriquecimiento, en la que participan los pueblos autóctonos, los países vecinos del Ártico dudan entre la protección y la explotación. El miedo a desastres medioambientales lleva a que algunos sacralicen una parte de su territorio. Un claro ejemplo es el caso de Noruega, que protege su archipiélago Lofoten, especialmente por razones turísticas, ya que un espacio contaminado no es demasiado atractivo.

Balance

Así pues, a pesar de la bajada de las temperaturas en el Ártico, esta región queda lejos de ser el nuevo El Dorado de la explotación petrolífera. Son demasiadas consecuencias para que la rentabilidad pueda competir con la del Medio Oriente.

No obstante, las innovaciones tecnológicas y un aumento de precio del petróleo podrían abrir el apetito… El Ártico ya ha sido explotado por sus hidrocarburos y también se han añadido a la lista grandes daños medioambientales. Así pues, una explotación de tales dimensiones de este espacio sería una gran amenaza para un entorno ya debilitado.

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