El discurso independentista y la crisis sanitaria: las identidades regionales españolas y su discurso político ante la COVID-19

TRADUCTION PAR : BERNAT ARANDA RELECTURE PAR : SÒNIA GUALDO

La crisis sanitaria actual ha obligado al gobierno español a enfrentarse a sus propios límites y también ha puesto de manifiesto los puntos débiles de la cohesión política y administrativa a nivel nacional. España es un país con un sistema de gobierno muy descentralizado que se basa en una gran independencia política de sus comunidades autónomas. En el contexto actual, resurgen las tensiones entre el gobierno catalán y el gobierno central al buscar una gestión eficaz de una pandemia que ha afectado al país de lleno.

Raíces históricas del independentismo catalán hasta el referéndum de 2017

Las tensiones entre Cataluña y el resto del país remontan a 1714. El rey Felipe V, el primer monarca de España de la familia de los Borbones, anexó Cataluña a España. De hecho, ese día se convirtió en la fiesta nacional de Cataluña. La búsqueda de la independencia catalana en los años treinta es uno de los factores desencadenantes de la guerra civil española. Bajo la dictadura de Franco, cualquier expresión de identidad cultural regional era censurada duramente. Eso significó sobre todo la prohibición de la lengua catalana y la imposición de la lengua castellana. Hoy, Cataluña, como las demás comunidades del Estado, dispone de una fuerte autonomía administrativa respecto al gobierno central. Sin embargo, eso no ha evitado el crecimiento acelerado del movimiento independentista.

Los partidos y asociaciones soberanistas organizaron un referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña el 1 de octubre de 2017. Este referéndum supone el punto culminante de las tensiones entre Cataluña y el gobierno central. El pulso entre el expresidente español Mariano Rajoy y el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont se caracterizó por una sucesión de medidas de represión política y económica del primero hacia el segundo.

Una de las pruebas más difíciles para la democracia española desde que acabó la dictadura de Franco ha sido el referéndum del 1 de octubre, pues el gobierno central lo prohibió rotundamente. La policía lo reprimió por la fuerza. El gobierno catalán aseguró que un 90 % de los votantes apoyó el sí a la secesión. El parlamento catalán declaró oficialmente y unilateralmente la independencia el 27 de octubre, lo cual llevó a la destitución de los principales dirigentes autonómicos, incluido Puigdemont, que fue uno de los que abandonó el país para evitar su detención inminente.

La herencia de la crisis independentista en plena crisis sanitaria mundial

Los esfuerzos movilizados desde el mes de marzo para hacer efectivo el confinamiento se han mostrado eficaces a largo plazo. El fin de la cuarentena total está previsto para el 9 de mayo. No obstante, no es un secreto que España se ha visto gravemente afectada por la crisis actual de la COVID-19.

El movimiento independentista catalán se ha visto debilitado por los desacuerdos entre los dos principales partidos defensores de la ideología: Junts per Catalunya y Esquerra Republicana de Catalunya. Esta situación de debilitamiento general representa una oportunidad para reafirmarse ante el gobierno central de izquierdas. De hecho, el gobierno actual liderado por el partido socialista de Pedro Sánchez está desbordado y condenado por la opinión pública.
Ante la amenaza de la COVID-19, el gobierno catalán tomó la decisión de actuar más rápido que el gobierno central mediante el cierre preventivo de bares y restaurantes. El gobierno central tomó las mismas medidas unos días más tarde. En ese momento, el presidente actual de la Generalitat (sucesor de Carles Puigdemont) Quim Torra rechazó ceder el control de Cataluña, principalmente de las autoridades y el sistema sanitarios al gobierno central. «Necesitamos apoyo, no más centralización», afirmó.

El argumento principal a favor del proteccionismo catalán para las medidas sanitarias es que estas fueron aprobadas y aplicadas de manera preventiva antes que el gobierno decretase el estado de alarma. Ahora bien, eso no ha impedido que fuesen las fuerzas del ejército español quienes desinfectaran el aeropuerto y el puerto de Barcelona, ni ha impedido que fuesen las autoridades del gobierno central quienes vigilaran el confinamiento en la ciudad catalana de Igualada.

A pesar del carácter artificial de la oposición de Quim Torra respecto al gobierno de Sánchez, la crisis sanitaria destapa una serie de problemáticas que están relacionadas con el diálogo entre los poderes nacionales y autonómicos en un país caracterizado por la fuerza de las identidades culturales, políticas y lingüísticas a nivel autonómico. También es posible preguntarse cómo evolucionarán estas tensiones tras esta crisis sanitaria. El país tendrá que afrontar una crisis económica que, según los expertos, nada tendrá que envidiar a la de 2008.

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