Le centre-ville de Tallinn. Crédit Camille Simonet.

Estonia, ¿un país vanguardista en la igualdad entre hombres y mujeres?

TRADUCIDO POR BERNAT ARANDA Y NÚRIA HURTADO SERRAMALERA

Estonia parece un país muy moderno en cuanto a la igualdad de género, pero persisten desigualdades profesionales y sociales profundas.

El pasado 8 de marzo celebramos el día internacional de la mujer. En Estonia, todo o casi todo hace pensar que esta lucha no tiene sentido. “Es cierto que en Estonia no tengo la impresión de que sea algo por lo que haya que luchar, mientras que en la mayoría de países sí lo es”, confirma Liis Kuuli, estudiante estonia de primer año en la universidad de Tallin. “En el día a día no noto ninguna desigualdad particular. Luego, en un contexto más profesional, lo que pasa a veces es que los hombres te miran por encima del hombro porque eres una mujer, pero no es algo para nada habitual”, explica.

Una particularidad que podría entenderse con la historia de Estonia, según Kristjan Taal, otro joven estudiante de la universidad de Tallin. “Cuando Estonia estaba bajo la influencia de la URSS, las mujeres tuvieron que hacer bastantes cosas sin los hombres dado que Rusia a veces los convocaba. Las mujeres trabajaron en su lugar y tomaron decisiones importantes. Por eso, cuando actualmente un hombre se atreve a hacer una broma sexista sobre las mujeres, lo cual es más bien raro, todo el mundo lo mira mal”.

El acoso por la calle es poco común

El acoso por la calle, tan criticado en Europa occidental, parece estar mucho menos presente en Estonia. “Tuve la oportunidad de ir a Francia varias veces y pude ver que allí el acoso por la calle era muy problemático. No obstante, aquí esto no es así porque los hombres estonios suelen ser más bien tímidos”, asegura Liis Kuli sobre la cuestión. Lo mismo opina Ingrid Hinojosa, responsable de relaciones internacionales: “eso no suele pasar en Estonia. No es la mentalidad de los hombres estonios, que son bastante más cerrados, excepto cuando van borrachos. Pero en todos los casos, nada suele llegar muy lejos ni estar fuera de lugar”.

Chloé Magdelaine, una joven estudiante francesa, recién llegada a Tallin a finales de enero, ha notado rápidamente la diferencia. “En París, cada día te hacen comentarios. Me han llegado a seguir hasta casa y me han insultado cuando me he negado a seguir con la conversación. No dudan en silbarte, en hacerte comentarios repugnantes. No obstante, desde que estoy en Tallin, a veces vuelvo a casa tarde y no he tenido que soportar ni un comentario. Lo mismo cuando voy por la calle, en ningún momento nadie me ha seguido ni se ha girado”.

La violencia doméstica es un tema polémico en Estonia

Durante su primer discurso de independencia como presidenta de Estonia, Kersti Kaljulaid recordó brevemente el problema de la violencia doméstica. “Prometo no dejar de hablar del tema hasta que no cambie la actitud. Si los ciudadanos están protegidos en sus hogares, también estamos más protegidos de la violencia en la calle y la violencia injustificada en el espacio público. Espero que dentro de cinco años ignorar incidentes de este calibre sea impensable”.

Ese discurso, pronunciado en un día importante para la historia de Estonia, ha repercutido a la proposición de ley del parlamento ruso, que tenía como objetivo despenalizar la violencia conyugal en Rusia. Así pues, es un momento simbólico que pone de manifiesto el compromiso de la presidenta contra una violencia doméstica cuyo estatus todavía no está claro. “No hay una ley que criminalice propiamente la violencia doméstica en Estonia. Simplemente está incluida en otra ley sobre la violencia contra el individuo, con sentencias como disposiciones restrictivas, temporales o ni eso. De hecho, de manera general, todo lo que ocurre en el hogar no está muy vigilado. Y esta falta de claridad por parte de la ley no ayuda mucho a arreglar la situación”, confirma Ingrid Hinojosa.

La desigualdad sigue siendo noticia

Todavía queda para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. Las desigualdades no solo afectan el hogar familiar, sino que también llegan al mundo laboral. Las mujeres estonias tienen un salario un 30 o 40 % inferior al de un hombre por el mismo trabajo.

Para Ingrid Hinojosa, el aspecto más visible no es la brecha de salarios: “No es que necesariamente haya una diferencia de salarios entre una mujer y un hombre que tienen el mismo trabajo, sino que las mujeres suelen conseguir empleos con una remuneración inferior a la de los empleos que consiguen los hombres”. Esta es una particularidad que ha podido observar en un entorno de trabajo, la educación. “Hay más mujeres que hombres en el mundo de la enseñanza, ahora bien, el salario de un profesor es bastante bajo”. Estonia todavía tiene mucho que hacer para alcanzar una igualdad de género efectivo.

Foto de báner: centro de Tallin Crédito: Camille Simonet

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