Libertades civiles en juego para las empleadas domésticas extranjeras en el Líbano

TRADUCIDO POR BERNAT ARANDA Y CORREGIDO POR UXIA GESTO 

Según estimaciones, en el Líbano habría unas 250 000 mujeres trabajando como empleadas domésticas sin papeles. Volver a su país de origen se convierte en algo delicado e incluso imposible dado que están privadas de sus derechos fundamentales.

Journal International ha ido hasta el Líbano para conocer a algunas de estas mujeres, así como algunas ONG para obtener más información sobre lo que parece ser una forma de esclavitud.

«Ganar un poco de dinero»

Desde primera hora las vemos en las ventanas de los pisos de Beirut, sacudiendo edredones y almohadas todavía calientes de la noche anterior. Luego se ponen a barrer y limpiar antes de preparar la comida para sus empleadores. Comerán después de que la familia haya acabado de degustar los tradicionales mezze libaneses. Lavar los platos, ordenar, comprar, vigilar a los niños, preparar la cena, ordenar, lavar los platos y ya después descansar.

Basta con pasar poco tiempo en el Líbano para constatar la presencia de estas mujeres, vestidas de azul, que trabajan solas en los hogares libaneses. Contratar a mujeres que lo hagan todo en casa forma parte de una larga tradición libanesa, aunque la práctica haya evolucionado en los últimos cuarenta años. En el pasado se contrataba a chicas de las clases sociales libanesas más desfavorecidas, actualmente las asistentas son mujeres de Etiopia, Bangladesh, Filipinas y Sri Lanka. Según algunas estimaciones, en la actualidad habría unas 250 000 mujeres inmigrantes trabajando como empleadas del hogar en este pequeño país mediterráneo.

Maria Salme, coordinadora general de INSAN, una ONG local, explica que «son mujeres que vienen solas [al Líbano] para realizar un contrato, como cualquier contrato laboral. Vienen para ganar un poco de dinero y volver a su país para poder ayudar a la familia, o a veces ayudan a la familia desde aquí enviando el salario mensual».

Pero esto va más allá de un simple contrato de trabajo, la presencia de estas asistentas extranjeras dice mucho sobre las prácticas en el seno de la familia tradicional libanesa. Perpetuando una visión estereotipada de los géneros en el seno de la pareja libanesa, la asistenta trabaja normalmente bajo la supervisión de la «Señora», que inicialmente se encargaba de las tareas del hogar. El «Señor», por su parte, se ocupa del aspecto financiero junto a la agencia de contratación mediante la cual han contratado a su asistenta. La empleada del hogar reside en casa de la familia que la contrata. Su papel vacila entre miembro permanente dentro de la familia libanesa y la inmigrante obediente que lo hace todo.

A pesar de que el papel de la empleada doméstica es tristemente indispensable en la familia libanesa, su vulnerabilidad como empleada y mujer inmigrante es flagrante.

«La kafala, la cárcel jurídica de las asistentas extranjeras en el Líbano»

Como en la mayoría de los países de la zona, los trabajadores extranjeros y, por lo tanto, las empleadas del hogar inmigrantes están sometidos al sistema kafala. Este término designa una costumbre que, a pesar de haber adquirido fuerza de ley con el tiempo, no forma parte de ningún tipo de legislación que regule el asunto. La kafala implica que toda empleada del hogar entra, reside y trabaja en el Líbano gracias al patrocinio de su único empleador. En consecuencia, la situación legal de las asistentas está estrechamente ligada a su kafeel ‘patrocinador’ que le asegura la regularidad de su permiso de residencia y permiso de trabajo en el Líbano.

Concretamente, esta dependencia de la empleada hacia el empleador evita que la primera abandone al segundo sin su visto bueno, en caso contrario podría encontrarse en situación irregular y ser expulsada del país. No es extraño encontrar a mujeres que han huido de sus jefes y que están ilegalmente en el Líbano. Sin permiso de trabajo ni de residencia válidos, trabajan en distintas casas en negro para ganar un poco de dinero. Reciben el nombre de asistentas «freelance». Viven en barrios pobres de Beirut como Nabaa y comparten chabolas con otras mujeres «freelance». Ahorrando sus pocos ingresos, muchas de ellas esperan poder volver a su país natal. Después de años de precariedad ahorrando dinero para poder pagar un billete de avión, al ir al aeropuerto estas mujeres son detenidas por la policía, ya que las autoridades las consideran ilegales.

Además del riesgo de ilegalidad que sufren estas mujeres, la kafala deja entrever la idea de temporalidad de estas asistentas en el Líbano. A pesar de llevar años trabajando en el país de los cedros, siguen siendo dependientes a su kafeel y nunca pueden deshacerse de esta relación. Desde el punto de vista de la cohesión social, la kafala constituye un obstáculo importante para la integración de las empleadas del hogar inmigrantes en la sociedad libanesa. Como no pueden ser autónomas, suelen sufrir mucha discriminación. En el Líbano se las considera en primer lugar trabajadoras inmigrantes y luego mujeres.

A la pregunta «¿Cuántos años lleva usted viviendo en el Líbano?», una mujer filipina de unos 50 años responde con tono irónico: «¡Si yo tengo nacionalidad libanesa!». Después de 27 años de trabajo y residencia en el Líbano, todavía no puede vivir fuera de la casa de la familia para la que trabaja y todavía menos tener hijos, los cuales serían considerados ilegales a no ser que fuesen reconocidos por parte de un hombre libanés.

«Derechos limitados o ausentes»

Además de la encarcelación jurídica creada por la kafala, la precariedad legal de las empleadas del hogar se acentúa a causa de su exclusión explícita del código laboral libanés. Por lo tanto, no se benefician de los derechos del resto de los trabajadores, sobre todo en lo relacionado con el salario mínimo.

Para conocer los derechos que en principio se aseguran a las empleadas del hogar, hay que leer el contrato laboral firmado por el empleador y la asistenta en el momento de la contratación. El documento está disponible únicamente en inglés y árabe y los 18 artículos recogen, entre otros, el derecho de la empleada a un salario, a unas condiciones de trabajos decentes, a un día libre por semana, a contactos regulares con su familia y a un billete de avión de vuelta pagado por la parte empleadora.

A pesar de estas disposiciones, en realidad el contrato tiene demasiadas lagunas a la hora de proteger a las asistentas de forma efectiva.

«Además del aspecto jurídico, la confusión entre la práctica, las normas y el derecho es preocupante»

Tanto las lagunas como la incorporación de la kafala en el derecho consuetudinario crean confusión en los empleadores. En efecto, hay prácticas tan comunes entre los libaneses que se han convertido en normas sociales a pesar de no formar parte de la legislación. Esta interferencia es uno de los puntos más preocupantes en el caso libanés.

Un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que el 94,4% de los empleadores libaneses que participaron en la encuesta confiscan y se quedan con el pasaporte de la trabajadora mientras se encuentra en su hogar. El 51,1% de los empleadores piensan que tienen derecho a quedárselo, el 23,3% sabe que el contrato no les da autorización a quedarse con el pasaporte y el resto no lo sabe. Estas cifras ponen de manifiesto el desconocimiento de las cláusulas del contrato laboral y el poco interés que se le muestra. Estas prácticas se generalizan con fuerza ante un marco legal lleno de lagunas y no explícito. Ahí se encuentra el punto alarmante.

En derecho internacional, retener un pasaporte es ilegal. El artículo 9 de la Convención (nº189) sobre las empleadas y empleados del hogar, no ratificada por el Líbano, declara sobre ese asunto: «que los empleados del hogar tengan derecho a conservar sus documentos de viaje y de identidad».

Sin embargo, un vacío legal o una zona gris permite estas acciones en el Líbano. En efecto, el contrato laboral presenta lagunas en cuanto a la retención del pasaporte, ya que no hay ninguna cláusula que lo prohíba explícitamente. Ante esa confusión, la práctica de la retención se perpetúa en detrimento de la asistenta que, una vez más, depende de la buena voluntad de su empleador.

En la misma línea de la retención de documentos de identidad, el contrato laboral no hace referencia a la libertad de movimiento de la asistenta. De nuevo, el vacío legal ha permitido que se inculquen en la costumbre prácticas liberticidas por parte de los empleadores libaneses. Según el estudio llevado a cabo por la OIT, el 22,5% de los empleadores interrogados, ocasional o sistemáticamente, cierran con llave a la asistenta en casa y el 56,3% cree que el sistema kafala les da derecho a cerrar con llave a su empleada del hogar. El hecho alarmante es que el 37,1% de los empleadores, aun sabiendo que la kafala no les da ese derecho, restringen la libertad de movimiento de su asistenta.

Las lagunas del contrato laboral crean el infierno en el que estas prácticas liberticidas son legitimadas por la costumbre a pesar de ser ilegales según el derecho civil. Es la correlación entre un sistema kafala del que el empleador puede sacar provecho y una falta evidente de derechos de las empleadas del hogar, lo que conlleva que los hogares libaneses tengan bajo total vigilancia a sus empleadas.

Ante esta situación, la OIT recomienda al Líbano abolir el sistema kafala e incluir las empleadas del hogar en el derecho laboral. Se ha llevado a cabo un proyecto de ley que tiene como objetivo mejorar los derechos de las asistentas y acercarse a los estándares del derecho internacional, principalmente reformando el contrato laboral. Sin embargo, hoy por hoy el proyecto está en suspense. En un país afectado por la crisis siria y donde el suministro de electricidad no está asegurado las 24 horas, el futuro de los trabajadores inmigrantes parece algo secundario. En cuanto a la cuestión de la kafala, su abolición no es tema de debate en el Líbano. Cabe decir que todos los países vecinos practican el sistema de patrocinador con los trabajadores inmigrantes. El inmovilismo es flagrante a pesar de las numerosas alertas de las ONG sobre las consecuencias negativas del sistema.

«¿Cómo mejorar la situación de estas mujeres ante el inmovilismo legislativo?»

Aunque una progresión legal es esencial para mejorar el estatus de las asistentas, se puede llevar a cabo una tarea de sensibilización tanto por el lado de los empleadores como por el de las empleadas. En efecto, los ejemplos precedentes muestran la poca atención prestada a las cláusulas del contrato laboral. No obstante, si las cláusulas actuales se incluyeran y se cumplieran correctamente, se evitarían bastantes abusos. Dar valor al contrato laboral y dejar de considerar el documento como una hoja sin importancia y firmada sin leer, permitiría profesionalizar la relación garante/asistenta y establecer derechos y obligaciones mutuas efectivas.

En este sentido, numerosas ONG proponen sesiones de sensibilización para las empleadas del hogar y detallan los derechos en los que se pueden amparar. Cursos de responsabilización y autonomización, y de lenguas permiten adquirir competencias profesionales a las empleadas del hogar que acaban de llegar a un país desconocido. Esta dinámica evitaría la infantilización de la asistenta y haría esperar que se respetasen más sus derechos. Por otra parte, en cooperación con la OIT, en 2012, el Ministerio del Trabajo libanés publicó una guía de información para las asistentas inmigrantes en el Líbano disponible en seis idiomas. El librito detalla los derechos de las trabajadoras de manera interactiva, da los datos de contacto de servicios gubernamentales, ONG, embajadas, etc. La guía se distribuye entre las asistentas antes de que lleguen al Líbano o a su llegada en el aeropuerto de Beirut.

Aumentando la profesionalización de las empleadas del hogar y dando a conocer las ventajas de una asistenta satisfecha en su vida profesional y personal, se espera más confianza por parte del empleador. Es precisamente este aspecto el que hay que cambiar. En efecto, los empleadores limitan muy a menudo la libertad de movimiento de la asistenta por miedo de que se escape y no le dan días libres porque podría salir y ser influenciada por otras asistentas más curtidas. Si se instauran derechos y obligaciones que vayan en los dos sentidos, debería crearse un respeto mutuo habitual en una relación laboral entre un jefe y su empleado, la confianza es clave. El pago de un salario, un tiempo de descanso de al menos 8 horas sin interrupciones, un día libre semanal y condiciones de vida decentes son la contrapartida de un trabajo eficaz y cualitativo de una asistenta.

Así pues, razonar no omite la especificidad del trabajo doméstico en el Líbano donde la mujer extranjera vive y trabaja en casa de su empleador. Al contrario, la incorporación de una dinámica profesional en la tradición libanesa del empleo de las asistentas minimizará las derivas relacionadas con las características del trabajo doméstico. Aunque la falta de derechos de las asistentas inmigrantes en el Líbano las diferencia por completo de los otros trabajadores, es en el aspecto relacional en el que hay que esperar los primeros avances.

También te gustará