El lobbismo, o el arte de manipular la ciencia

TRADUCIDO POR NÚRIA HURTADO SERRAMALERA Y BERNAT ARANDA CASAJUANA

¿La ciencia nos manipula? ¿O más bien son las industrias las que manipulan la ciencia? En la encuesta que Le Monde ha realizado sobre «Monsanto Papers» se desvela el «ghostwriting», que se trata, en realidad, de una de las técnicas innombrables que ejercen las grandes empresas para ejercer presión lobbística en el mundo científico. Vamos a explicarlo.

Cuando «ciencia» va acorde con «intereses comerciales»

«Durante décadas, la ciencia ha sido el blanco de ataques cuando los descubrimientos de esta disciplina han tenido relación con fuertes intereses comerciales».  En noviembre del 2016, cerca de cien científicos ya habían denunciado la influencia y la fabricación de duda por parte del sector industrial. Presentaron una carta abierta que explicaba la burla hacia el trabajo de los investigadores sobre el cambio climático, pero también sobre los estudios relacionados con los perturbadores endocrinos. «Los individuos que niegan la ciencia o que están financiados por intereses industriales deforman deliberadamente las pruebas científicas con el fin de crear una falsa impresión de polémica», lamentaban.

Esta investigación de la objetividad científica contra el peso de las grandes firmas es una lucha constante. En los años 50, apareció bajo el término «polémica». Por lo tanto, los fuertes actores políticos y económicos entendieron que la ciencia podía presentarse en causa. Un lobbismo entregado a los gustos actuales con el tema de los «Montsanto Papers». Este es un recordatorio de los hechos: la poderosa empresa americana especializada en la biotécnica agrícola ofreció información falsa del glifosato, un herbicida tóxico y cancerígeno con el que Monsanto ha ganado una fortuna. Todo realizado gracias a su técnica, llamada «ghostwriting», que consiste en que sus empleados coescriban artículos que luego llevarán la firma de científicos. Un trabajo por el que se obtiene una remuneración muy generosa. El objetivo es combatir esta información denunciando la toxicidad del glifosato.

Presiones políticas

Las presiones que reciben los investigadores no son solo técnicas avanzadas por las grandes empresas industriales. Tales presiones pueden interesar a todas las organizaciones, a todas las industrias y a todo individuo, a partir del momento en el que sus reputaciones y sus intereses económicos están en peligro. Las asociaciones, y también los partidos políticos, no se privan de usar estas prácticas. En Francia, el pasado 3 de octubre, el presidente de la Universidad de Lyon 2 anunció que se cancelaba un coloquio de investigadores llamado «Luchar contra la islamofobia, ¿una cuestión de igualdad?» La reflexión que llevaba a cabo el debate tenía la finalidad de «mostrar que los fenómenos que preocupan la sociedad corresponden con el interés de la universidad por las problemáticas sociales». Un objeto de investigación que encajaba perfectamente con el momento. Bajo la presión del Printemps Républicain (una asociación de izquierdas), que «quiere promover la laicidad en el fondo político francés» y de la extrema derecha, la Universidad tuvo que renunciar a realizar dicho coloquio.

Oficialmente, el evento se canceló por razones de seguridad. En realidad, se trata sobre todo de una verdadera campaña digital, que hizo pasar a los investigadores de la Universidad por «islamistas». Según los propósitos de Médiapart, según Lila Belkacem, jefa de conferencias de la ESPE (Escuela Superior de Profesorado y Educación) situada en Créteil, «varias investigaciones que examinan el orden social están expuestas a ataques de este tipo».

Situaciones cómicas

Más allá del Atlántico, los políticos no son los que ejercen el lobbismo, sino más bien quienes lo sufren. El tiroteo en Las Vegas, que tuvo lugar el pasado 1 de octubre y que provocó 59 muertos y 530 heridos, ha generado de nuevo el eterno debate sobre el derecho a la posesión de armas en los Estados Unidos. El pasado 4 de octubre, el New York Times revelaba la suma de dinero percibido por los diputados republicanos del Congreso por la Asociación Nacional del Rifle (NRA). La asociación de defensa del derecho a poseer de armas es también el lobby más importante a favor de las armas de los Estados Unidos.

Así pues, los diputados mostraron su solidaridad hacia las víctimas vía Twitter. ¿El quid de la cuestión? Que ellos también eran quienes recibían más dinero por parte de la NRA. Una situación de lo más incongruente. El objetivo de la NRA es sobre todo que no voten a favor de la ley que insiste en aumentar el control sobre las armas de fuego. Desde 1996, la asociación también bloquea la investigación médica sobre las heridas por armas financiadas por fondos federales. O, más bien dicho, cómo matar dos pájaros de un tiro.

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