Heure de pointe dans la gare de Waterloo, à Londres. Crédit Jim Linwood.

Londres: huelga ferroviaria con trasfondo político

TRADUCIDO POR JUAN MANUEL HERNÁNDEZ Y MARÍA ÁNGELES SALMERÓN

Aproximándose el año nuevo, los servicios ferroviarios londinenses se han visto perturbados entre el sur de Inglaterra y la capital. El gobierno y el alcalde de Londres confrontan una disputa política referente a huelgas y reivindicaciones de los asalariados por sus condiciones de trabajo. Explicación:

La compañía ferroviaria privada Southern Railways aguanta las críticas desde hace varias décadas, pero nunca en veinte años la Southern había suscitado tanta efervescencia entre los 300.000 usuarios del servicio. Debido a la acumulación de retrasos y trenes repletos de gente, los commuters, aquellos pasajeros que transitan entre la periferia y el centro de Londres para acceder a su trabajo, denuncian la ineficiencia del gobierno en cuanto a la gestión del transporte.

A pesar de las reacciones de los usuarios de la Southern Railways, la mayoría de los londinenses apoyan el buen servicio de la compañía. Por su parte, los sindicatos temen el recorte laboral debido a distintas modificaciones en el servicio: la Southern Railways anunció, entre otras, que a partir de ahora los maquinistas tendrán que asumir ellos mismos la seguridad del tren, tarea que hasta el momento se llevaba a cabo por dos empleados. Pronto se pudo sentir la gran repercusión en las vías metropolitanas. El metro londinense soportó con dificultad la gran afluencia de gente, a pesar de que ya se conoce su saturación diaria. Además se paralizó la red ferroviaria hasta los aeropuertos cercanos.

Disputas bipartidistas

Sadiq Khan expresó enseguida su apoyo a los manifestantes. El alcalde de Londres y miembro del partido laborista se mostró favorable a un diálogo con los sindicatos, aprovechando la ocasión para felicitar la administración de estos en la gestión del transporte. “Los commuters gozan de un mejor servicio desde que nos implicamos”, dijo en un comunicado. Juzga al gobierno de ser responsable de la crisis, acusándolo de haber “renunciado a sus responsabilidades”. Por su lado, la primera ministra, Theresa May, defendió con fervor las acciones del gobierno y recomendó poner fin a la huelga. Mientras tanto, la mayoría de los Tories se unía en contra del ministro de transporte, Chris Grayling, quien calificaba la huelga de “lo más absurdo.

Estas disputas entre conservadores y laboristas trascendieron hasta el Parlamento. Theresa May denunció la complicidad entre Jeremy Corbyn y el patrón del sindicato de la ASLEF (Asociación de Maquinistas de Locomotoras y Bomberos), encargado de la defensa de los trabajadores ferroviarios. La primera ministra sugirió al líder de la oposición que ejerciera presión sobre la ASLEF para “anular la huelga inmediatamente”. A falta de un debate fructuoso, se dio lugar a un espectáculo bien jocoso donde abundaron los intercambios impulsivos.

Foto de portada: hora punta en la estación de Waterloo, en Londres. Crédito Jim Linwood (Flickr).

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