PIB: alternativas para una economía realista

TRADUCIDO POR JOSÉ LUIS GARCÍA QUIRANTE Y AGOSTINA MASSARINI

Desde mediados del siglo XX, el PIB mundial y el consumo de materias primas crecen sin descanso. Los únicos años durante los cuales han disminuido nuestro consumo de energía y la huella de carbono mundial fueron los que siguieron a la crisis económica mundial de 2008, y, como era de esperarse, también fue el periodo en que disminuyó el PIB mundial.

Ninguno de nuestros principales indicadores económicos (PIB, tasas de desempleo e inflación) dicen nada del impacto de nuestra actividad en el medio ambiente y en el bienestar de nuestra sociedad. Ni la calidad de nuestro medio ambiente ni nuestra felicidad, se pueden medir de manera cuantitativa. Esta doble desconexión explica nuestra incapacidad para proteger el medio ambiente y para eliminar unas desigualdades sociales cada vez mayores.

Estas carencias, que ilustra en particular la comisión Stiglitz, son conocidas y, desde hace años, dan lugar a que haya abundantes indicadores alternativos de rentabilidad económica. Revista de prensa no exhaustiva.

Felicidad Nacional Bruta

En 1972, el rey de Bután Jigme Singye Wangchuck quiso poner en marcha un índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB) con el fin de orientar la evaluación del nivel de vida hacia los valores espirituales del budismo. El FNB no sustituye al PNB. Al contrario, lo engloba en una serie de indicadores entre los que destacan la cultura del país, la preservación del medio ambiente y la buena gobernabilidad.

El objetivo que se ha anunciado es, pues, el de hacer concordar y ya no enfrentar los objetivos de crecimiento económico frente a la durabilidad y la calidad de vida de los ciudadanos. Entre otros, este sistema ha llevado a que se prohíba la venta de cigarrillos y a que se generalice el aprendizaje de la lengua nacional en todas las escuelas del país.

El FNB ofrece un buen equilibrio entre crecimiento económico y conservación de los equilibrios sociales y medioambientales. Bután es, a propósito, un buen ejemplo de país que ha conseguido proteger su medio ambiente, de tal manera que dicho principio está inscrito en su Constitución. El FNB se apoya, a la vez, en indicadores cuantitativos y cualitativos, ofreciendo así una alternativa buena al pensamiento neoliberal. El proyecto parece viable e incluso lo ha retomado la ONU. Aun así, nos podemos preguntar en qué medida le podemos dar un valor a la felicidad.

PIB verde – IWI

El Inclusive Wealth Index, también llamado «PIB verde» es un indicador que ha promovido la ONU en especial. Permite relacionar la producción económica con las degradaciones humanas y medioambientales.

A título de comparación, los PIB respectivos de China, de los Estados Unidos y de Sudáfrica crecieron desde el 442 %, 37 % y 24 % entre 1990 y 2008. Al revés, los IWI de estos tres países experimentaron un crecimiento respectivamente del 45 %, 13 % y -1 %.

El crecimiento de su PIB va acompañado de una erosión en su alcancía, es decir, sus recursos naturales. Así pues, Sudáfrica consumió tanto y destruyó tantos recursos que solo produjo riqueza económica en este periodo. Y en cuanto a China, el crecimiento de su coste medioambiental resulta igual de delirante.

Otra vez, el IWI nos permite vincular la actividad económica con sus consecuencias sobre el medio ambiente, sin embargo, no dice nada de la repartición de riquezas creadas. Los países industrializados ya han agotado también en su mayoría la mayor parte de los recursos naturales situados en sus territorios. Eso les permite obtener resultados más bien favorecedores, mientras que sus riquezas se apoyan de aquí en adelante en la explotación de los recursos naturales de los países en vías de desarrollo.

ANS – Adjusted Net Savings

El ANS permite calcular la sostenibilidad y, por tanto, la durabilidad de una economía. Añade a los inversores financieros, humanos e intelectuales y su sustrato, la caída del capital natural. El índice puede tomar un valor positivo o negativo. Si el ANS de una economía es negativo, significa que esta no es sostenible. El Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo lo integran en sus evaluaciones económicas nacionales desde 2006.

Como lo ilustra Geoffrey Heal, profesor en la Columbia School of Business, el ANS permite ilustrar el alto grado de sostenibilidad de economías de las que no sospechamos a primera vista, como por ejemplo, la de Botsuana.

Por otro lado, los Estados Unidos no sirven de ejemplo. Ante todo, una economía como la de Arabia Saudita resulta ser absolutamente catastrófica. Su funcionamiento se apoya casi exclusivamente en la renta del petróleo y del gas y las reservas acabarán por agotarse. Esto debería afectar brutalmente y de manera indefinida el nivel de vida de los saudíes. Este país, como Catar y demás, se ha lanzado además a una diversificación relativa de su economía.

Todos estos indicadores diferentes nos son más o menos familiares. Tienen sus propios límites pero ofrecen verdaderas alternativas a la evaluación de nuestras economías por PIB. Sobre todo, revelan que este no es competente al ofrecer resultados a veces muy diferentes de nuestro indicador fetiche.

Frente a una ecología que a menudo se presenta como punitiva o arcaica y una lucha contra las desigualdades tan desprestigiada como dogmática y sectaria, la simple transición hacia estos nuevos indicadores constituye un primer paso deseable hacia una economía más duradera. El descenso y el crecimiento constituyen otras alternativas, no solo para la economía, sino también para la sociedad. Y no dejan de hacer preguntas, una vez más, sobre igualdad y durabilidad.

Imagen de ilustración: crédito Gerard TourenPhotography.

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