PIB: un indicador sobrepasado

TRADUCIDO POR AGOSTINA MASSARINI Y ARIANNE MUÑOZ LÓPEZ

Históricamente, los países que cuentan con un alto crecimiento de su PIB son también aquellos que más contaminan. En los últimos años, China (6-7% de crecimiento), India (7%) e incluso Estados Unidos (2,5%), tres economías centradas fuertemente en el carbono, han ocupado los tres primeros lugares en el rango de países emisores de mayor porcentaje de CO2 (fuera de la UE). Mientras que algunos envidian el crecimiento económico alemán, ¿No sería mejor cuestionar nuestro propio modelo económico… y redefinir las prioridades?

Como ha podido ilustrar el economista americano James Galbraith, con el desarrollo postguerra de la corriente de la Nueva Economía, el crecimiento del PIB se ha vuelto rápidamente el objetivo principal de la política económica. En 1950 todo era posible, el crecimiento y el progreso parecían infinitos. Si la economía no aumentaba, entonces, era culpa del gobierno, independientemente del modelo. Sin embargo, esta ideología se sustenta en bases erróneas, ya que, incluso hoy en día, las deficiencias del PIB se encuentran fuera de nuestros debates políticos y mediáticos.

Ecuaciones demasiado perfectas

Para nosotros, estudiantes de economía, la ecuación que resume la producción se define como Y=f(K;L). Es decir, que la producción Y (el PIB, ndlr) es función del capital invertido por la empresa K y del tiempo de trabajo L. Este modelo, sin embargo, no incluye dos de los elementos esenciales del circuito económico: las materias primas como factor de producción y las externalidades como resultados no deseados de la operación económica.

Integrarlos en el modelo permite que aparezcan los factores limitantes de la actividad económica, ilustrando su contra-sentido. Calcular el aumento de nuestra producción económica sin tomar en cuenta la escasez de materias primas y la contaminación que provoca, hace de ella una medida intensiva.

“Crecimiento infinito en un mundo finito”

La primera ley de la termodinámica indica que materia y energía no puede existir nunca , ni ser creadas ni destruidas en un sistema cerrado. Existen entonces límites en las capacidades de nuestro sistema terrestre frente al consumo de recursos y la producción de desechos, generando un enfrentamiento entre nuestra economía y los factores inevitables que le imponen la escasez de materias primas. ¿Cómo continuar produciendo edificios si nos falta arena? ¿Y qué decir del agua? ¿Y cómo dejar a un lado los costos costes económicos de los desechos y los activos contaminantes que producimos?

“Aquel que piensa que un crecimiento exponencial inifinito es posible en un mundo finito es, o un loco, o un economista”,  Kenneth Boulding.

En dichas condiciones, el “crecimiento verde” o  “desarrollo duradero” se parece a una pantalla de humo, ya que el crecimiento del PIB en sí mismo no sabría beneficiarse de una disminución de nuestro impacto en el medioambiente.

Un crecimiento mal repartido

Vivimos en un mundo donde un puñado de personas concentra mayor fortuna que la mitad de la población mundial. Incluso a fines del siglo XIX, los frutos del crecimiento del PIB mundial no fueron tan mal repartidos, como bien nos explica en su libro Capital del Siglo XXI, Thomas Piketty. Frente a tales desigualdades, ¿Es el crecimiento del PIB realmente deseable? ¿Y qué sucede con nuestra calidad de vida?

OCDE (2017), previsiones del PIB real (indicador). Doi: 10.1787/c2ed0d5a-fr (consultado el 1 de febrero de 2017).

Sin tener en cuenta nuestro ambiente, ni nuestro bienestar, el PIB debe ser reconocido como excedido. Bajar el nivel de imposición para ganar un punto de crecimiento y un punto de desempleo al riesgo de incrementar la concentración de riquezas y la degradación de nuestro medioambiente se parece, ante todo, más a una huida hacia adelante que a un modelo racional.

Un poco por todos lados, existen diversas alternativas con el fin de medir el impacto real de nuestra actividad económica y de su desarrollo. Pero una transición de este tamaño no implica el simple cambio de un indicador matemático, sino que nuestras formas de razonar y nuestra relación con la naturaleza entran en juego al mismo tiempo. ¿Una buena noticia? El crecimiento económico ha disminuido drásticamente en los países desarrollados desde los años 70s. Una razón más para creer en la prosperidad sin crecimiento… ¡y en otros indicadores!

Descubra la continuación de este artículo mañana: PIB: alternativas para una economía realista.

Imagen de ilustración : créditos Gerard Touren Photography.

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