Plastic China: la ilusión de la prosperidad china

TRADUCIDO POR NÚRIA HURTADO SERRAMALERA Y MÓNICA LICEA

Un sector oscuro, un “callejón sin salida” es donde está hundida la sociedad de consumo: a través de las imágenes del realizador chino Wang Jiuliang, el público puede redescubrir una situación polémica. Se trata de la del sector de reciclaje de los desechos de plástico en China.

En el libro Junkyard Planet, de Adam Minter, se describe un mundo polémico y lucrativo al mismo tiempo. En éste, la basura se convierte en una enorme fortuna volcada en los individuos y en el Estado. La verdad no puede ser más amarga.

Captura de pantalla de la película Plastic China.

Wang Jiuliang, realizador y fotógrafo independiente, está interesado, desde hace años, en el movimiento ecologista. De ese modo, sus dos primeras obras cinematográficas evocan la temática ambiental. Beijing Besieged by Waste (2011), su primer documental, retrata muy bien los desechos que se amontonan por toda la capital china. A continuación realizó Plastic China, con el que consiguió ganar en 2016 el premio First Appearance de IDFA, el festival internacional de documentales de Ámsterdam. La película es conmovedora gracias a los primeros planos de las caras de trabajadores desconocidos. Despierta emociones fuertes sin recurrir necesariamente a explicaciones. Una versión más corta obtiene un gran éxito ante los medios.

La cara oculta del sector del reciclaje en China

El documental describe la vida diaria de dos familias en un pueblo de la provincia de Shandong, en el nordeste de la China. Eligen y reciclan los desechos plásticos que provienen de Europa, de Estados Unidos y de otros países de Asia. Los habitantes viven literalmente en el medio de montañas de desechos plásticos y con el constante hedor de los incineradores.

El estado de salud de los trabajadores es preocupante. El jefe, Kun, rechaza la idea de ir al médico porque no quiere gastar en medicamentos: no tiene suficientes recursos. A lo largo de vivir en este entorno, incluso siendo conscientes de su gran precariedad, la mayoría de los adultos se someten a estas condiciones de trabajo. “Las enfermedades cardiovasculares y el cáncer son muy frecuentes en las zonas donde se produce el plástico. Seis meses después de grabar a estos trabajadores, me apareció cloracné en la frente”, explica el realizador en una entrevista de Pengpainews.

Vivir en una pila de basura

Las imágenes que se presentan son devastadoras. Los niños hurgan en los desechos en búsqueda de juguetes. Una niñita se lava con agua claramente contaminada. Un niño se mete en la boca una cánula vieja. Sus padres trabajan para ofrecerles unas mejores condiciones de vida. A pesar de todo, viven todos los días en una pila de basura.

Captura de pantalla de la película Plastic China.

Captura de pantalla de la película Plastic China.

 

La familia de Kun y la de Peng representan dos clases sociales diferentes. Ambas ponen de manifiesto una particularidad en el sector del reciclaje: los ciudadanos casi no llevan a cabo la separación de residuos. Son los trabajadores exiliados quienes se ocupan de ello. Este documental muestra que la separación de residuos exige mucha mano de obra. Estos talleres familiares adquieren una importancia aún mayor y quitan el sitio a las grandes industrias. “A través de las encuestas, que van de Shangdong hasta Guandong pasando por Hebei, hemos descubierto que los talleres siempre desempeñan un papel esencial en el núcleo del sector”, explica Wang Jiuliang a Pengpainews. Pero todo esto sigue siendo completamente ilegal.

La basura del mundo: ¿quién merece condena?

“9 dólares, este es el precio que proponen los Estados Unidos para ‘vender’ una tonelada de desechos plásticos. Con eso ni siquiera embarcamos al puerto. Aunque nos ofrecen sus desechos generosamente, sigue siendo ilegal”, cuenta el director. ¿Esta “hipocresía del comercio internacional” merece condena? La película se apoya en el centro de reciclaje ecológico de Berkeley en California para argumentar sus intenciones. “Creo que el mercado de desechos plásticos volverá a China porque los chinos ofrecen el doble por la basura”, explica el director Daniel Maher.

En las afueras de Baotou, en el norte del país, los residuos cubren las carreteras de los campos. Captura del vídeo. Crédito: Alexis Demoment.

Según Wangyishudu, China representa  un 25% de la producción y un tercio de la consumición mundial de plástico. Durante el año 2014, el país en sí produjo 73,88 millones de toneladas para consumir al final cerca de 93,25 millones. Este desequilibrio entre oferta y demanda implica la importación de plástico y la recuperación de residuos. Los beneficios generados por este mercado superan los ingresos del reciclaje de papel, de hierro y de acero. El precio de la importación de desechos plásticos equivale a solo un tercio del plástico nuevo.

Un círculo vicioso

La amplia oferta hace que sea imposible encontrar una solución respecto a la reducción de la importación de desechos plásticos. Para las grandes empresas, el tratamiento legal de los residuos es considerable. Pero paralelamente, los esfuerzos del gobierno para prohibir los talleres ilegales son limitados. Este sector lucrativo, con su coste menor de producción, se desvía rápidamente hacia las regiones costeras. Los trabajadores no cuentan con que la película les saque de la miseria. La mayoría de ellos desean, simplemente, ganarse la vida. Es un círculo vicioso, que se deriva directamente de la política económica china.

Plastic China es un título con doble sentido. “Bajo la aparente prosperidad de China se esconde una cuestión aún no abordada: ¿cómo puede este país desarrollarse económicamente a una velocidad tan impresionante? El tema del plástico evoca, también, el de la cirugía. La prosperidad actual de China solo es una ilusión”, afirma el realizador, preocupado, a los periodistas de Nanfang Zhoumo. “Si solo contemplas esta tierra de desechos en la que pones los pies, nunca reconocerás que estamos en China”.

Foto de portada: en los campos de Mongolia Interior, las tumbas están solo a unos pasos de las montañas de desechos. Incluso algunas, poco cuidadas, están cubiertas con estos residuos. Captura del vídeo. Crédito: Alexis Demoment.

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