TRADUCIDO POR MARTA PÉREZ LÓPEZ Y ÀLEX MASPOCH LUQUE

Skater y cineasta alemán, Marten Persiel relata en la película This Ain’t California (Esto no es California) la evolución del skate en la antigua República Democrática Alemana. Herramienta de protesta política en Alemania del Este, disciplina característica del sueño americano… el skate ha marcado cambios profundos en la sociedad en Berlín. Análisis.

Crédito Chloé Marchal.

Originalmente llamado “roll surf” [“tabla para surfear por la acera”] descendiente directo del surf, el “skate” nació en California a finales de los años 50. Principalmente improvisado, el long board es objeto de ensamblajes de productos reciclados por falta de material. Esto ralentiza el desarrollo general fuera de California. En 1973, Frank Nasworthy inventó la rueda de uretano. La manera de concebir y entender la disciplina cambia entonces radicalmente. El deporte se populariza y se convierte en un éxito comercial en todo el mundo.

1978: Frank Nasworthy, Dan Murray, Cadillac Wheels. Crédito Craig Snyder.

Berlín Occidental bajo influencia californiana

De esta forma el deporte se asemeja a un escaparate del sueño americano. Se extiende su influencia no sólo entre los jóvenes californianos, sino por todo el mundo. Este crecimiento se ve obstaculizado en Europa del Este por la Unión Soviética, que lo asocia con una forma de oposición al régimen. Esta bipolarización de las tendencias culturales se formaliza de forma radical en el año 1961. Con la construcción del muro de Berlín, la ciudad dividida enfrenta por tanto dos dinámicas culturales antitéticas.

En la década de 1980, el paisaje cultural de los sectores británico, francés y estadounidense está marcado por artistas de todos los orígenes. En una entrevista con Le Journal InternationalMark Reeder, protagonista principal de B-Movie Lust & Sound, se dirige a los diferentes estratos de la cultura alternativa de la época. Enclave real en el régimen comunista, la liberación de las costumbres se manifiesta por la proliferación de okupas artísticos. Entre ellos, la Tachelès, la escena electrónica emergente e incontrolable, o de nuevo el street art. Toda la producción se dedica por tanto al reconocimiento artístico. El acceso a las drogas, traídas por soldados estadounidenses y totalmente prohibidoas en el Este, crea una nueva relación con el arte, asociado progresivamente con la escena electrónica emergente. La parte occidental no escapa de la influencia de California a partir de 1950. Sin embargo, no alcanzóa el Este hasta treinta años más tarde.

Crédito Chloé Marchal.

Oriente, esto no era California

En el este de Berlín, el régimen soviético da una connotación negativa al skate. Esto provoca su prohibición. El exskater y cineasta Marten Persiel está interesado en la brecha entre las connotaciones de skate: “rebelde” en la RDA, “mediatizada” en la Alemania Occidental. Se crió en el oeste, donde la cultura del skate se inspira directamente en la escena punk y los Estados Unidos. A partir de entonces, viajó por: Inglaterra, Brasil, Filipinas, España… En el año 2011, finalmente regresa a Berlín e inicia un proyecto de película sobre la esfera de skate en la antigua RDA, This Ain’t California.

Con motivo de una entrevista con Le Journal Internationa, Marten Persiel explica, “cuando hice la película, finalmente tuve el mismo punto de vista que un extranjero, redescubriendo la historia. Yo conocía de principio a  fin el mundo del skate occidental. Pero tras mi investigación, me di cuenta de que era diferente en la RDA, el acto de patinar era más que un acto contra la cultura. Era la manifestación de la libertad y la desconexión del sistema, como una salida para los jóvenes”.

“Treinta años de retraso”

La incapacidad para grabar en Super 8 y la programación de la televisión en ese momento encerraba a los berlineses del Este en una especie de isla política. El director añade que “el skate servía simplemente como pasatiempo para los adolescentes aislados del efecto de la moda y el mercado de consumo americano. Las tablas eran improvisadas, no tenía nada que ver con una cuestión de clase, simplemente no había material. El Este llevaba treinta años de retraso a Estados Unidos”. Considerado como uno de los primeros documentales que desarrolla esta brecha cultural entre los dos bloques, This Ain’t California se estrena en 2012 y, finalmente, presta una identidad cinematográfica que fue construida sin ninguna representación.

Escena tomada de This Ain’t California. Crédito Marten Persiel.

La creciente influencia del skate en Alemania del Este

Para compensar la diferencia, la RDA afirma la uniformidad cultural y crea un culto del régimen. Los deportes tales como representaciones artísticas son objeto de control estatal. Las culturas alternativas emergentes no están marcadas por la efusión de posibilidades artísticas, sino por una retirada de códigos artísticos externos y sus propios obstáculos al régimen. “Cuando skaters como Goofy, René Thomasius, o Marco Sladen presentes en mi película, corrieron por la Karl-Marx-Allee o Alexanderplatz en sus monopatines hechos a mano, fueron vistos como una perversión de la moral y el orden público” dice el Sr. Persiel.

La película aborda las excursiones en los pueblos de Oriente. Acompañados por DJ, los skaters se dirigían a los jóvenes y los convertían a la disciplina. Se convierte en un arte en sí mismo, así como los movimientos de break dance o de punk, uniendo jóvenes. Los telediarios de Oriente compara su práctica con una enfermedad.

“Como un virus, cruza las metrópolis a alta velocidad, creador de inmoralidad y escepticismo, es importante para proteger a nuestros hijos de él” – extracto de los archivos de DDR, This Ain’t California

Por un lado, recuerda el cineasta, querían legalizar [el] movimiento, por el otro, consideraban útil vigilar a los skaters.” Incluso se descubre en 1985 que los registros de los servicios secretos de la RDA contienen notas sobre gente proveniente de “los deportes de ruedas no organizados”. El objetivo que reivindicaban era para dar un “sentido”al deporte.

Sergio Lipe Pimenta, Berlín, 2017. Crédito Chloé Marchal.

La comunidad del skate reconocida en 2017

Con la reunificación alemana, la fragmentación cultural desaparece. El skate, como consecuencia de la influencia de Estados Unidos, se convierte en accesible. Poco a poco encuentra un lugar en la cultura común y ya no se censura como una forma de “pervertir la moral.” Los códigos estéticos y técnicos son reconocidos por los skaters como un medio de expresión infinita, que el Sr. Persiel describe “entre la danza y el deporte.”

En el Blöcker Park, el parque de skate de Kreuzberg en Berlín, Le Journal International  pudo conocer a dos skaters. Sergio y Antoine han aceptado compartir su experiencia de la comunidad del skate en 2017. Seguidor de la disciplina desde los seis años, Antoine analiza su evolución histórica:

“El skate crea una comunidad completa, ahora totalmente integrada, que no tiene la misma connotación “underground” de antes, asociado con lo rebelde. El skate ha experimentado diferentes períodos: en la década de 1980, era la de combinar velocidad y rendimiento. Luego, en la década de 1990, se volvió mucho más técnico, “street”, mientras que antes hacíamos sobretodo figuras sencillas. Muchas marcas, figuras se crean, transmitidas por los vídeos precursores de la multiconectividad de internet. En la década de 2010, hubo de nuevo una especie de pausa seguida de una regeneración de este deporte, con nuevos estilos. Se hizo más artística. La sobreaccesibilidad a los medios y redes sociales nos permiten estar en contacto con muchas más clases de la población.”

La democratización de la disciplina

Sergio explica que la connotación libertaria del skate se mantiene intacta, enriquecida con “trucos” modelo, el nuevo formato de las tablas. El progreso técnico dibuja diferentes corrientes: “estilo de la vieja escuela retro”, “intrusos”, “técnicos” “creativos”. Independientemente de los avances tecnológicos, dos tendencias persisten con respecto a la clasificación de la disciplina. Uno quiere preservar el simbolismo del movimiento alternativo y está íntimamente ligado a la escena punk y al break dance. El otro tiende a hacer un deporte de la cultura común, entre otros, con la reciente controversia que divide la comunidad en torno a la inclusión de la disciplina en los Juegos Olímpicos.

Sergio Lipe Pimenta, Berlín, 2017. Crédito Chloé Marchal.

En un primer momento se hereda del surf para luego ser una disciplina completa con sus propias técnicas, personalidades, y spots, el movimiento del skate nació tanto como interfaz libertario. Boicoteado en el Este y omnipresente en Occidente durante la Alemania dividida, logró la unanimidad tras la caída del muro institucionalizándose. Hoy en día, la competencia es cada vez mayor, la accesibilidad al mercado es promovida por numerosos patrocinadores, marcas y personalidades. La disciplina se ha democratizado. Esto confirma la fuerza de una comunidad nacida hace casi 70 años.

También te gustará