Des bottes militaires dans le Tibesti, au nord du Tchad. CC0 Public Domain.

El Chad: ¿Un modelo de estabilidad vulnerable?

TRADUCIDO POR AGOSTINA MASSARINI Y PAULA JO GALLEGO

La reelección del presidente Déby en su quinto mandato consecutivo a la cabeza del Chad parece reveladora de estabilidad para el país, enclavado en una zona marcada por los problemas políticos. Pero un gran número de problemas, que afectan de forma desigual sus regiones, amenaza esta estabilidad.

En abril de 2016, Idriss Déby Itno es elegido por quinta vez como líder del Chad. Con una tasa de participación de más del 75%, la elección podría ser considerada un gran éxito. El presidente electo obtuvo un 61,5% de los votos en la primera vuelta, contra un 88% en las elecciones anteriores. Por eso se quedará como Jefe de Estado durante al menos cinco años más.

Los resultados no han tardado en generar revuelo, rápidamente reprimido. El país solo ha conocido cuatro presidentes en 60 años de existencia. Ninguno de ellos podría afirmar haber dirigido un régimen democrático, ya que todos se han basado en una estructura fuertemente militar. Esta última característica es incluso más cierta actualmente, en pleno contexto de dificultades de seguridad en los países vecinos: Níger, Libia, Nigeria, Camerún, Centroáfrica, Sudán y Sudán del sur.

Un pilar para Occidente

El Chad ha sabido imponerse en la escena internacional como un país estable. Fue un pilar con el cual podía contar Occidente para estabilizar la región, sobre todo en la lucha contra Boko Haram. Durante la intervención de la ONU en Mali, las tropas chadianas destacaron tanto que el cuartel general de la operación francesa Barchán (luchando contra las redes salafistas, ndlr) fue instalado en Yamena. Esta imagen de potencia continental esconde una situación económica catastrófica. La caída del precio del petróleo ha perjudicado el despegue económico iniciado con la explotación de yacimientos en 2003. En 2015, es el tercer país en el rango del IDH. El tejido económico del país reposa esencialmente en la agricultura. El sector representa el 55% del PBI y emplea a un 80% de la población. Pero a excepción del ganado y de la goma arábiga, se trata esencialmente de cultivos de plantas comestibles.

Desde hace más de un siglo, el Chad ha atravesado numerosas crisis alimentarias. Esto le ha otorgado su sobrenombre de “corazón muerto de África”. Las más recientes encuentran sus orígenes en los vastos movimientos de rebeliones o las débiles pluviometrías. Además, las campañas agrícolas de 2009-2010 y 2011-2012 fueron catastróficas, particularmente en el lado saheliano del país.

Zonas vulnerables abandonadas por las ONG

La inestabilidad de los países vecinos ha generado consecuencias en el país, que hospeda desde hace diez años un número creciente de refugiados, mayoritariamente sudaneses y centroafricanos. Al terminar el 2015, el número de individuos asistidos por el HCR en el Chad alcanzaba los 500.000. El contexto regional da por lo tanto cierto peso al país en el plano geopolítico y también lo ha convertido en un país clave para las instituciones humanitarias. Los socios se muestran cada vez más expresivos sobre el hecho de que la ayuda al desarrollo debe permitir ante todo luchar contra el terrorismo y los flujos migratorios.

Las regiones más afectadas por el flujo de refugiados son aquellas fronterizas decon Centroáfrica, Nigeria y Sudán. Estas no son sistemáticamente las más afectadas por la insuficiencia de la producción alimentaria. Las regiones no fronterizas, donde las necesidades son normalmente más importantes, ven las ONG partir unas tras de otras. Los socios y los medios estiman que la prioridad no se encuentra allí. Si la asistencia a los refugiados es urgente, esta delimitación arbitraria de zonas prioritarias tiene el riesgo de marginar regiones estructuralmente vulnerables.

Foto de cartel: botas militares en el Tibesti, al norte del Chad. CC0 Dominio Público.

También te gustará