Crédit IB Photography (Facebook).

Camboya: “No debe frenar la ola de solidaridad”

TRADUCIDO POR AGOSTINA MASSARINI Y CORREGIDO POR MÓNICA LICEA

El fenómeno del “volunturismo” aumenta cada año un poco más en Camboya. Un gran número de ONG proponen voluntariados de períodos cortos para aquellos que desean ayudar a los más necesitados al mismo tiempo que viajan. La solidaridad parece estar volviéndose una especie de “moda” para los turistas. Investigación.

En 2015, Camboya era el segundo país en el mundo con el mayor número de ONG por habitante. Hoy en día, cuenta con aproximadamente 3500 para 15,7 millones de habitantes, es decir, una por cada 4500 camboyanos. A pesar de la guerra con los Khmers rojos, que tuvo su fin 20 años atrás, hoy la situación política parece estable.

La “buena conciencia” del turismo

Cada año, olas de extranjeros, sobre todo occidentales, llegan a Camboya para intentar ayudar a la población local. Los primeros implicados son los niños: la pobreza impide que una parte de ellos asista al colegio, y otra es incluso obligada a trabajar. Mientras tanto, gracias a las iniciativas humanitarias, como la de la asociación “Pour un sourire d’enfant” (PSE, Por la sonrisa de un niño, en francés) la situación comienza a mejorar. A pesar de que el número de huérfanos en el país demuestra una importante disminución, el número de orfanatos, por su parte, aumenta.

Crédit IB Photography (Facebook).

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Cada vez más voces se alzan en contra del “volunturismo” en los orfanatos camboyanos. Algunas ONG, son acusadas de haberse instalado en Camboya con fines lucrativos más que solidarios. El turista puede durante sus vacaciones, pasar algunos días, o incluso horas, con los huérfanos. El objetivo es recolectar donaciones aprovechándose de la sensibilidad de los viajeros. A pesar de sus buenas intenciones, el viajero que participa, se arriesga a actuar de manera nefasta y a desestabilizar a los niños.

La estabilidad de los niños amenazada

La ONG Acodo fue una de las más atacadas por este tipo de críticas. En una encuesta de La Presse.ca de 2011, el constato fue alarmante. Extractos:

“Nos dicen que es mejor no hablar de eso con ellos. No decirles “me voy en una semana”, porque les afecta” (testimonio de una voluntaria americana para Acodo).

[…] “El cambio constante de los voluntarios que se ocupan de los niños, provoca una pérdida emocional en aquellos ya traumatizado”  explica a la AFP Jolanda van Westering, especialista en la protección de niños en Unicef.

Frente a estas acusaciones, Le Journal International intentó indagar un poco sobre las prácticas de Acodo. La redacción intercambió varios emails con la ONG. Haciéndonos pasar por un voluntario con el deseo de ser útil, pero con apenas unos días de disponibilidad, obtuvimos una respuesta. La asociación nos propuso una verdadera visita turística de la escuela a cambio de donaciones. Sin embargo, se negó a dejarnos dar clases de inglés por un período tan corto. Aunque parezca evidente, muchos organismos le darían cualquier rol, sin importar sus cualificaciones, a voluntarios dispuestos a pagar sumas elevadas.

Capture d'écran d'un extrait de conversation par email avec l'ONG Acodo. Nous nous sommes fait passer pour un jeune français souhaitant consacrer quelques jours de ses vacances au Cambodge à des fins humanitaires en quête de conseils auprès de l'ONG.

Captura de pantalla de un extracto de conversación por mail con la ONG Acodo. Nos hicimos pasar por un joven francés que quería dedicar algunos días de sus vacaciones en Camboya con fines humanitarios, y que buscaba consejos de la parte de la ONG.

“En Francia también hay gente que necesita ayuda, pero no es tan llamativo”

Vasco, un francés de 19 años, se fue tres meses con la asociación Rural Teaching Organisation Cambodia (RTOC) para enseñar inglés a niños camboyanos. Apreció la humildad de la asociación y explica que, a diferencia de otros “directores de ONG que andan en 4×4”, Poeuy Tith, el director, vive en una choza modesta y dedica todo el dinero de los voluntarios “a la asociación y para ayudar a los niños”.

 “Reprocho a las personas por venir una o dos semanas a relajar sus consciencias por haber realizado una misión humanitaria”, continúa. La intención puede, sin embargo, parecer rentable para aquellos que no tienen los medios de dedicar tantos meses como lo hace él. “¿Si es mejor que no hacer nada? No lo sé. (…) Pienso que, si tuviera una semana libre, me quedaría en Francia donde hay muchas personas que necesitan ayuda, como en Calais. Pero no es tan llamativo, no hay niños sonrientes sobre las palmeras.”

El malentendido

El tema fue mediatizado intensamente por la prensa occidental. Pero la alerta dada sobre la situación, fue malentendida. Es lo que analiza el antropólogo Nadège Chabloz en su artículo “El malentendido. Los encuentros paradoxales del “turismo solidario””, publicado en Los Actos de la Investigación en Ciencias Sociales (diciembre 2007, nº170). Julien Buot, presidente de la ONG Agir por un Tourisme Responsable (ATR, Actuar por un Turismo Responsable), se preocupa: “no debe frenar la ola de solidaridad”.

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Camboya, en desarrollo, necesita todavía grandes ayudas humanitarias. El presidente de ATR explica que el problema no viene de la idea de “volunturismo” en sí. “No se debe confundir el turismo solidario con el turismo humanitario”.
El objetivo de su ONG es sensibilizar a los viajeros a no causar un impacto negativo en los lugares ni en las poblaciones que desean descubrir.  “Un viajero respetuoso, ¡No está nada mal!”, nos dice Julien Buot.

Responsabilizar un turismo en evolución

Anne, francesa de 20 años, se fue como voluntaria para PSE dos veces durante sus vacaciones de verano. Ella piensa que “muchas ONG se aprovechan para meterse mucho en los bolsillos”, y asegura que PSE no es una de ellas, ya que se preocupa efectivamente de respetar a las poblaciones locales. En “Les pépites”, película documental que llego al cine en octubre de 2016, Christian y Marie-France Des Pallières, la pareja dirigente de PSE, aseguran tener la voluntad de confiar un máximo de responsabilidades a los camboyanos mismos. Anne lo confirma: en los campamentos de verano en los cuales participé, había al menos un jefe khmer. “Su cultura, su manera de vivir y de pensar en general… todo es diferente, todo”, recuerda Vasco. De allí viene la importancia de ayudar a las poblaciones locales sin imponer una forma de hacer las cosas.

Poeuy Tith, presidente de RTOC, remarca otra necesidad de capital para la estabilidad de los niños: la proximidad. Lejos de las grandes estructuras humanitarias de Phnom-Penh, hay que decir que el pequeño pueblo de Thal Trang, donde se encuentra su colegio, se las arregla con facilidad. Nunca recibe más de 19 voluntarios, sobre todo de Europa y China. El colegio es además administrado de manera convival. El aspecto humanístico se respalda entonces por las relaciones entre voluntarios y locales; relaciones en constante evolución. “Prohibimos a los turistas tomar fotos en determinados lugares”, explica Julien Buot, “lo cual permite favorecer los encuentros e intercambios. Pero el turismo evoluciona. Hoy, son incluso a veces los locales quienes toman fotos de los turistas”.

 

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