Les ruines de Palmyre, Syrie, 2009. Crédit andrelambo (Pixabay).

Pillaje en Siria: las “antigüedades de sangre”

TRADUCIDO POR LORA MILANOVIC Y MARÍA ÁNGELES SALMERÓN

Persas, griegos, romanos, bizantinos y árabes constituyen una pequeña parte de los pueblos que dominaron Siria. Las primeras huellas de la agricultura y la ganadería se encontraron en este territorio, al igual que el primer alfabeto. Siria es un cruce de civilizaciones, considerado, así pues, como un país de gran riqueza patrimonial que refleja civilizaciones milenarias. Del pillaje a la financiación del terrorismo, investigación sobre las “antigüedades de sangre”.

Fuente de una inmensa riqueza arqueológica, el patrimonio sirio se convirtió en un recurso económico para saqueadores y beligerantes. El año 2011, al mismo tiempo que marca el inicio de la guerra civil siria, revela un incremento del pillaje. El conflicto que ocasionó más de 300 000 muertos y provocó la crisis de inmigración al desplazar al 50% de la población, también supuso una catástrofe para el patrimonio.

Cuna y cementerio de la civilización

Todos y cada uno de los seis sitios del Patrimonio Mundial de Siria clasificados en la UNESCO ingresaron en la lista del Patrimonio de la Humanidad en Peligro. Bosra, Damasco, el Crac de los Caballeros, Palmira y más recientemente Alepo forman parte de la tragedia cultural de Siria.

Monumentos mundialmente famosos, como el Arco de Triunfo de Palmira, o incluso su conocido león, fueron completamente destruidos. Otros fueron gravemente dañados, como el teatro romano de Bosra. Los bombardeos rusos en Alepo destrozaron la ciudadela, el zoco, pero también destruyeron una parte de la Gran Mezquita.

War dogs: saqueadores y contrabandistas

Además de los bombardeos y enfrentamientos, el pillaje también causa estragos en Siria. Jesse Casana, arqueólogo especialista en la universidad de Dortmund, nos informa que más de 3000 de los 15 000 grandes sitios arqueológicos del país fueron saqueados desde el inicio de la guerra. Este aumento sin precedentes del pillaje constituye una real amenaza para el patrimonio arqueológico de la región.

Según el investigador, la cuestión es entonces saber quién se beneficia del pillaje. ¿Quiénes son los war dogs que se aprovechan de la guerra? En un análisis de imágenes satelitales, Jesse Casana hace un balance sorprendente.

Contrariamente a las ideas preconcebidas, el Estado Islámico no es el único culpable de este fenómeno. Según las cifras, un 21,4% de los sitios alcanzados por la red terrorista es saqueado, siendo el porcentaje de 26,6% para los oponentes al régimen y de un 27,6% para los kurdos. En cambio, el grupo islámico se caracteriza por un saqueo intenso. Un 42% de los sitios se saquea masivamente, frente a un 23% en zonas controladas por Al-Assad, un 14% en cuanto a los oponentes al régimen y un 9% en las zonas kurdas. Adversarios o aliados, todos tienen un sentimiento común: el fin justifica los medios.

Evolución del pillaje en un lugar cerca de Palmira. A la izquierda el mapa en 2011 antes de la guerra y a la derecha en 2015. Crédito Digital Globe 2015.

Un pillaje comercial

Estas cifras han conocido un aumento reciente. Tal y como nos explica el director del centro de investigación Archéorient de Lyon, Christophe Benech, aunque el pillaje siempre haya existido en Siria, el desencadenamiento de la guerra confirmó su aceleración. El control es menor y las “fronteras se vuelven porosas”, afirma el arqueólogo que vivió en el país hasta 2011.

Tras haber prohibido el pillaje, el Estado Islámico, al ver la inmensa fuente de ingresos, comenzó a hacerse con el control. La organización empezó a gravar con un 20% a los saqueadores autorizados. Christophe Benech nos explica que a mediados del 2014, la organización se apropió del movimiento y desarrolló sus propios equipos de saqueadores. Un verdadero “pillaje industrial” se puso en marcha. De ahora en adelante, es uno de sus principales recursos, junto con el petróleo y el secuestro. Ante los ojos del investigador, se trata de una pérdida tanto patrimonial como científica. En cualquier caso, una pregunta tan fundamental como ética queda en el aire: ¿quién compra estas antigüedades?

De Siria a Londres

Por muy paradójico que parezca, la mayoría de las antigüedades saqueadas en Siria que salen del país se encuentran… en Europa y Estados Unidos. Para ello, la organización terrorista detecta los puntos estratégicos intermediarios entre Siria y Europa. Así, contrabandistas del Estado Islámico traen la mercancía a ciudades como Beyrouth o el sur de Turquía. El objetivo es encontrar un cruce entre Oriente Medio y Europa, donde el espacio Schengen facilita enormemente la circulación. El arqueólogo americano, Christos Tsirogiannis, menciona lugares como Ginebra, Basilea, Zurich, Londres o incluso Nueva York como particularmente activos en la compra de antigüedades saqueadas. Cambio de propietarios, intercambios entre vendedores y restauradores, ausencia de papeles sobre el origen del producto, hacen que este mercado sea completamente opaco.

Para Christophe Benech, no se puede decir que “Europa financie el Estado Islámico”. El pillaje de las “antigüedades de sangre” sigue planteando así pues la cuestión de la moral y de la responsabilidad. Parece que la humanidad se detiene ante las fronteras del afán de lucro.

Foto de portada: las ruinas de Palmira, Siria, 2009. Crédito andrelambo (Pixabay).

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