Photo de bannière : façade du Zhogorku Kengesh, le Parlement kirghiz, Bichkek. Crédit hja1306 (Pixabay).

Referéndum en el Kirguistán: un desafío clave para Asia central

TRADUCIDO POR BERNAT ARANDA Y JOSÉ LUIS GARCÍA

El referéndum constitucional del 11 de diciembre de 2016 acabó con la aplastante victoria del sí, con el 80 % de los votos. El primer ministro y el presidente de la República tendrán ahora más poder. La estabilidad interna del Kirguistán es fundamental para la región, muy codiciada por los gigantes China y Rusia.

La Constitución de 2010 impedía nuevas modificaciones constitucionales antes de 2020. El gobierno del actual presidente Almazbek Atambaev, elegido en 2011, encontró una manera sorprendente de eludir esta disposición.  El texto original de 2010 se ha perdido literalmente.

Un referéndum impugnado

La nueva Constitución otorga más poderes al primer ministro. Este podrá escoger a sus propios ministros, a excepción de los ministros de defensa, de servicios de seguridad y de asuntos internos, que serán nombrados por el presidente. El presidente de la República dispondrá de más competencias debido a su influencia en el poder judicial. Podrá, entre otras cosas, nombrar y reemplazar a jueces.

En la práctica, los poderes del parlamento estarán mucho más limitados. Algunos ven en esta reforma una tentativa, por parte de Atambaev, de extender su presencia revistiendo el papel de primer ministro. Su presidencia debería finalizar en 2017, y la Constitución le impide presentarse de nuevo a unas elecciones.

La oposición y los activistas han detectado irregularidades en el transcurso de las elecciones. Han denunciado presuntos casos de corrupción e intimidaciones. La Comisión de Venecia considera que estas reformas limitan las libertades civiles. Ninguna comisión de la OSCE se encontraba en el país para la monitorización del referéndum.

Kirguistán, un país codiciado

La política interna de este pequeño país centroasiático está muy agitada. La Constitución, que entró en vigor en 1993, se ha modificado mediante referéndum seis veces: en 1996, 1998, 2003, 2007, 2010 y, ahora, en 2016. Todos los referéndums han estado manchados de irregularidades.

El Kirguistán es muy codiciado por las grandes potencias mundiales, ya que es una pieza fundamental del mosaico geopolítico y étnico de Asia central. Fue aquí donde tuvo lugar, en 2005, la «Revolución de los Tulipanes», con un fuerte apoyo de los Estados Unidos. La intención era instaurar en el país un poder más cercano a Washington y a la UE para, así, apartar el país de la influencia de Moscú. El levantamiento forzó al antiguo presidente Askar Akaïev, cuyo poder se había hecho cada vez más autoritario, a dimitir y huir a Rusia.  Kourmanbek Bakiev, antiguo primer ministro de Akaïev que había pasado a la oposición, se convirtió en el nuevo presidente. Traicionando sus promesas reformistas, Bakaiev fue derrocado cinco años más tarde, en 2010.

Intereses chinos, rusos e iranís

Las elecciones de 2011 vieron la llegada al poder del actual presidente Almazbek Atambaev, quien decidió acercar el país a Rusia. En 2013, el Kirguistán firmó acuerdos para formar parte de la Unión Económica Euroasiática, liderada por Moscú. Al año siguiente, el gobierno ordenó el cierre de la base militar americana de Manas, la última en Asia central. En cuanto a la base militar rusa de Kant, permanece abierta.

Como su vecino uzbeko, el Kirguistán reviste un lugar fundamental en los intereses de China. Su influencia en la región es, desde hace algunos años, cada vez más importante. A través de este país y Tayikistán, Pequín accede a Asia central en dirección al mar Caspio, a Irán y al Cáucaso. Esta vía le permite evitar pasar por Cachemira, una zona muy inestable a raíz de los conflictos fronterizos entre Pakistán y la India. Concretamente, el Kirguistán es un miembro fundador de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

También Irán, como aliado de Rusia y China, parece interesarse por el país. El pasado 22 de diciembre, el presidente de la República Islámica de Irán, Hassan Rohania, visitó oficialmente Biskek. Durante esta visita, vieron la luz unos acuerdos, preludio a una cooperación más estrecha entre los dos países. De este modo, Atambaev declaró que su gobierno se posicionará a favor de la admisión de Irán en la OCS.

Estabilidad regional en riesgo

Las modificaciones constitucionales se deben interpretar como la voluntad por parte de Biskek de mantener estabilidad interna, lo cual no es una tarea fácil. Desde la disolución de la Unión Soviética, el Kirguistán ha sido el escenario de varios enfrentamientos interétnicos e inestabilidad política. La economía y las instituciones del país se han visto debilitadas. Biskek debe afrontar múltiples problemas internos: combatir la corrupción, el nepotismo y las desigualdades sociales que corroen el país, pero sobre todo afrontar la subida del radicalismo islámico, particularmente presente en los estratos más pobres de la sociedad.

La estabilidad regional se apoya en gran parte en el apaciguamiento del valle de Ferganá, que es la región con más densidad de población de Asia central y está formada por Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán. Estos últimos años, varias fricciones entre la minoría uzbeka y la mayoría kirguisa han tenido lugar en las provincias kirguisas de Osh y Jalal-Abad. Los enfrentamientos se cobraron la vida de cientos de personas y provocaron un éxodo masivo de la minoría uzbeka hacia Uzbekistán.

Una reanudación y radicalización de los enfrentamientos podrían desestabilizar los tres países fronterizos. Una pesadilla para Pequín, que, en tal caso, ve un riesgo de propagación hacia Sinkiang, una región autónoma que cuenta con población musulmana de etnia uigur; y un problema para Moscú, que vería amenazado su proyecto de integrar las repúblicas centroasiáticas en la UEE.

Foto de banner: fachada del Zhogorzu Kengesh, el parlamento kirguís, Biskek Crédito hja1306 (Pixabay)

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