Rodrigo Duterte: retrato del “Castigador”

TRADUCIDO POR PERRINE BESSAC Y ANDREA SALGADO MARQUEZ

El pasado día 20 de septiembre, mostraba su dedo corazón (muestra su dedo medio ¿) a la Unión europea. No era la primera provocación del presidente filipino Rodrigo Duterte: estos últimos meses también había llamado la atención insultando a Barack Obama y al Papa Francisco de “hijos de puta”. Lo que no parece perjudicarle al nivel de su popularidad en el país. Más allá de esas polémicas mediáticas, Le Journal International quiso entender las razones de esta popularidad. Análisis.

Elegido Presidente de Filipinas el 6 de mayo pasado, Rodrigo Duterte aparece como un hombre político totalmente fuera de lo común. Tras 20 años de carrera en con la ayuda de Davao, la campaña de “Rody” se hizo con un sabor a populismo para al final acabar con un 38,6% de los votos, o sea casi 16 millones de filipinos. A nivel internacional es un personaje controvertido, casi excluido. Se ganó el apodo de “Donald Trump del Este” con sus insultos, crímenes, misoginia y drogas.

“The war of drugs”: un presidente con sangre en sus manos

Lo dijo, lo hizo. En caza desde siempre de los traficantes y consumidores de droga, Rodrigo Duterte había hecho la promesa de matarlos a todos en su discurso presidencial y empezó desde su llegada al poder una “guerra contra las drogas”. La máquina parece estar en marcha. Casi 3.000 personas han sido ya asesinadas, de las cuales un tercio por la policía y el resto por milicias privadas. Una locura asesina la de este hombre a quien “le dan igual los derechos humanos”. En la cobertura de la revista bimensual Society en septiembre se podía leer “36 muertos al día”. Desde entonces, se hallan cadáveres cotidianamente por las calles de Manila con pancartas al cuello que dicen: “soy un traficante de drogas, no sigáis mi camino”.

“Si por gracia de Dios llego a ser presidente, tengan cuidado, delincuentes, porque los 1.000 criminales (asesinados) se convertirán en 100.000. Verán cómo engordan los peces de la bahía de Manila, ahí es a donde lanzaré sus cuerpos”, palabras sangrientas que resumen bastante bien la política de Duterte. Antes de la presidencia, era el alcalde de la ciudad de Davao y hace poco fue el centro de una investigación, acusado de haber formado parte de un “escuadrón de la muerte”. Esta especie de milicia conocida como DDS, Davao Death Squad declaró la guerra desde 1998 a los traficantes de droga en la ciudad y sería responsable de la muerte de más de 1.000 personas.

Un antiguo miembro del escuadrón, Edgar Matobato, testificó el pasado 15 de septiembre en contra del presidente filipino. Según dice, Duterte tendría sangre en las manos. El arrepentido explica que el escuadrón empezó a tener nuevas metas tras la llegada de Duterte. Asegura que hizo matar al novio de su hija, periodistas, guardaespaldas de adversarios políticos o también enemigos de su hijo. Los métodos descritos por el ex criminal están directamente sacados de películas de horror. Ante el tribunal evoca victimas tiradas vivas a los cocodrilos, cuerpos quemados, troceados o tirados al mar. Matobato implica directamente al Presidente en estos crímenes porque lo habría visto con sus propios ojos, acabar con la vida de un funcionario de la justicia disparando ráfagas de Uzi. Ahora el DDS podría interpretarse como el Duterte Death Squad…

“The Punisher”, una personalidad local

Si es impopular en la escena internacional, el pueblo filipino no es tan unánime. Antes de ser presidente, Duterte se quedó 22 años en el ayuntamiento de Davao, la cuarta ciudad más importante del país. Hace falta sumirse en esta carrera política para comprender la imagen del Presidente. A su llegada al ayuntamiento de Davao en 1988, se encuentra con una ciudad corroída por la droga y la criminalidad. Se califica de “Nicaragua del Este”, también de “capital del crimen”. Durante 22 años, “Rody” pretendió cambiar las cosas y el Time admite que la ciudad tiene ahora el nivel de crimen por habitante más bajo del país.

Los métodos usados para volver a la seguridad en la ciudad, como el DDS, no tienen nada de convencional. Una especie de terror se instala por la ciudad y a Duterte el Time no tardará en dar el mote de “Punisher” (Castigador). No obstante, esa política que tiene da resultados. El alcalde gana fama, incluso algo de aura con este calificativo. Popular a nivel local, es en esta época cuando se crea su fama. La gente lo ve como el hombre que actúa, cumple sus promesas y contribuye a que funcione mejor la ciudad. Esta política y su sinceridad se han convertido en sus argumentos de venta.

esta reputación le sirvió hasta las elecciones presidenciales que ganó sin dejar lugar a dudas con un 38,6% de los votos. Ahora, disfruta de un índice de confianza de un 91% según el politólogo Richard Heydarian. Añade también que “su mensaje hizo eco con los filipinos que están hartos de una justicia de circo, de la parálisis de la gobernación y, sobre todo, de la debilidad del orden y de la ley”. Nadie puede negar la eficacia de la política antidroga de Duterte. El éxito de las 3.000 ejecuciones fue tal que 600.000 traficantes o simple consumidores se entregaron por su propia voluntad, asustados por la violencia de esta política.

Aunque rompa con la democracia, la justicia, la no violencia, la sociedad entera le encuentran beneficio. Los más adinerados se sienten tranquilos y más seguros en un país con fuerte criminalidad y los más modestos se sienten escuchados y forman parte del juego político del país.

“El odio genera el odio”

¿Pero cómo realmente explicar el entusiasmo para la personalidad de Rodrigo Duterte? Le Journal International ha querido salir del cuadro occidental crítico para entender mejor el punto de vista de los filipinos. Encuentro con Michael Sy, un estudiante filipino que vive en Manila, la capital del país.

Antes de todo, Michael explica que ese presidente es muy diferente de todos los anteriores. “Ahora tenemos a Duterte. Una persona fuerte, no corrupta, autentica, sincera y viva, simplemente”. El estudiante explica que Rodrigo Duterte se atreve a “hacer cosas que deseaban todos los filipinos, pero que ninguno de los presidentes nunca había hecho”. Al contrario de su predecesor, Benigno Aquino que se concentraba en la economía, el servicio de carreteras y el desarrollo de infraestructuras, Duterte “apuntó a los problemas del gobierno sin ocultarlos. Desarrolló un programa concreto”. Así, busca mejorar la calidad de vida y toma en cuenta las necesidades de los ciudadanos como por ejemplo intentando que nadie tenga miedo de andar por las calles por la noche. “se plantea las cosas de otra manera. Personalmente puedo sentir el cambio”.

En cuanto a la cuestión de la “guerra contra las drogas”, Michael nos permite matizar los dichos de los periódicos occidentales. “en mi opinión Duterte no es el tipo de persona que quiere matar a inocentes. Las matanzas que ocurren en el país son efectos de la presidencia de Duterte. Varios criminales aprovecharon su elección. Al matar inocentes, pretendían ser justicieros matadores de capos de la droga”. Según dice, Duterte solo fue el instigador de este fenómeno que ahora ya no consigue controlar. Michael resume con esta frase: “el odio genera el odio”.

¿Una forma nueva de gobernar?

Respecto a los asesinatos cometidos por la policía, el joven filipino es claro: “evidentemente, condeno eso. Porque estoy en favor de la paz y porque defiendo los derechos humanos, no acepto la ejecución de personas inocentes”. Matiza explicando que Duterte hizo la elección de tratar el problema de la droga, lo que ningún presidente nunca había sido capaz de hacer. “dado que eligió esta opción, ¿es posible que no haya víctimas? Si me pueden decir que si, entonces les diré que Duterte no está hecho para ser presidente. No obstante, al considerar el contexto, me doy cuenta de que habrá víctimas”.

En esa democracia todavía muy reciente, instituida en 1986 tras la dictadura de Ferdinand Marcos, la elección de Duterte plantea varias preguntas a respecto al futuro de las Filipinas. ¿Se convertirá su populismo exacerbado en una forma nueva de gobernar o llevará otra vez el país al despotismo? La voluntad de Rodrigo Duterte de reinstaurar la ley marcial será probablemente y pronto un elemento de respuesta.

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